Ese gol existe 2da edición

Sin embargo, el hecho que aquí nos interesa resaltar fue que las masacres y las ejecuciones extrajudiciales comenzaron a trasladarse a la capital y tuvieron en ella poderosos símbolos. En mayo de 1986, un comando de aniquilamiento de SL asesinó al contra-almirante Carlos Ponce, miembro del Estado Mayor de la Marina de Guerra del Perú. El hecho tuvo un gran impacto en el escenario nacional y anticipó la contundente reacción política que meses después el gobierno tuvo ante el amotinamiento en las cárceles de Lima. En efecto, el 18 y 19 de junio de 1986 se produjo en Lima la «Matanza de los Penales». Aprovechando la realización del Congreso de la Internacional Socialista, los presos por terrorismo se amotinaron en diferentes cárceles exigiendo beneficios penitenciarios. El presidente Alan García tomó la decisión de ordenar que las Fuerzas Armadas sofocaran a los rebeldes y ello causó alrededor de 300 muertos. Según el informe de Amnistía Internacional, muchos de los presos, después de haberse rendido, fueron ejecutados con tiros en la nuca por miembros de la Infantería de Marina (CVR, 2003). La reacción de SL no se dejó esperar y una nueva ola de asesinatos a líderes políticos y sociales invadió la capital. En octubre, el ex comandante general de la Marina, vicealmirante Jerónimo Cafferata, fue asesinado por los miembros de Sendero Luminoso. Así, para 1987 —año de la tragedia aliancista—, el Perú se encontraba en medio de un ciclo de violencia y confrontación generalizada. Las voladuras de torres de energía eléctrica, los denominados «coches bomba» y los asesinatos selectivos fueron prácticas comunes durante aquellos tiempos. Nuestra investigación nos ha permitido reconstruir algunas de las historias populares más relevantes que, al interpretar el accidente, introducían nuevos significados en la vida social. 3. LAS HISTORIAS Sostenemos que estos relatos son construcciones fantasmáticas producidas a partir de los temores y los deseos que coexisten en el sentido común de la cultura popular. Un acontecimiento traumático permite que un conjunto de fragmentarias imágenes —que bien podían haber estado latentes en instancias imaginarias relacionadas con distintas experiencias históricas previas— pasen a ser organizadas al interior de una narrativa mayor. Como puede suponerse, la «verdad» de estas historias no está referida al hecho histórico en sí mismo sino que más bien ellas dan cuenta de la forma 295

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