que el jugador Alfredo Tomasini había mantenido un diálogo con el piloto mientras ambos luchaban por sobrevivir en el mar, los familiares de este quisieron alquilar una embarcación privada pero no les fue permitido hacerlo. La Marina prohibió el ingreso de toda embarcación civil, encargándose ella sola de las labores de búsqueda y rescate. Como podrá suponerse, estos hechos despertaron muchas sospechas en el mundo popular, y ello activó la producción de un conjunto de historias destinadas a interpretar lo ocurrido desde una perspectiva no oficial. En este artículo queremos sostener que el conjunto de imágenes que se produjeron por aquellos días articuló una serie de imágenes relativas a la expresión de los hondos desencuentros culturales del Perú contemporáneo, y fue además una especie de denuncia sobre el comportamiento de las Fuerzas Armadas en el contexto de la «guerra sucia» que, en ese tiempo, azotaba cruelmente al país. 2. EL CONTEXTO 1987 fue un año dramático e importante en la historia del Perú. Iniciada en 1980, la violencia política se había extendido por todo el país e inclusive había llegado a alcanzar a la capital de la República: la ciudad de Lima. La estrategia maoísta de llevar los horrores de la guerra del «campo a la ciudad» tuvo éxito durante estos años en los que la situación económica empezó a declinar aceleradamente —fue el año del intento de la estatización de la banca y el sistema financiero—, y el gobierno de turno, a un ritmo impresionante, comenzó a perder todo tipo de legitimidad social188. En un primer momento, Sendero Luminoso (SL) llevó la guerra a Lima cometiendo una serie de asesinatos a altos oficiales de la Marina, quienes, desde 1982, se habían hecho cargo de los combates contra SL en las denominadas «zonas de emergencia». En efecto, formados en la llamada Escuela de las Américas en Panamá, los agentes de la Marina de Guerra del Perú intervinieron en Ayacucho durante los primeros años de la violencia política, y son los responsables de la mayor cantidad de violaciones de derechos humanos durante aquel periodo. Hoy se sabe que los aniquilamientos, desapariciones y torturas fueron una práctica común de las fuerzas del orden y, por lo mismo, los pobladores llegaron a tenerles tanto miedo a los terroristas de SL como a los propios militares (CVR, 2003). 294
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