porque saben que ahí cuentan con el «apoyo» de los vecinos. Apeligrarse es la palabra que les sirve para señalar el cuadro emocional que embarga a alguien que actúa como si tuviera que «defenderse» contra todos: o de manera agresiva y confrontacional o de manera temerosa y huidiza. Tanto ellos, como los parroquianos, se apeligran de vez en cuando. Es muy difícil determinar cuántos jóvenes pandilleros hay en Lima. Según los cálculos realizados por la Policía Nacional del Perú, en el año 2000 existían en nuestra ciudad doce mil jóvenes agrupados en 395 pandillas (La República, 2000). Por el contrario, es muy sencillo comprobar cómo el lenguaje de grupo cerrado que manejan estos jóvenes, y la producción estética que realizan, resultan extremadamente útiles para que otros jóvenes y adultos no pandilleros expresen la desconfianza que sienten hacia los otros en general y su desprecio frente a ese manto normativo común que tendría que «igualarnos». En 1998 tuve la oportunidad de observar un diagnóstico de valores con jóvenes que pertenecían a grupos del distrito de La Victoria y del Agustino. En aquella ocasión les pregunté qué harían ellos si fueran presidentes del país. Casi todas las respuestas obtenidas indicaban lo mismo: el descrédito del quehacer político y el pesimismo frente al futuro. Sin embargo, una de las respuestas resaltó sobre las demás por reflejar mejor cómo estos jóvenes hablan cotidianamente: si fuera presidente «chapo todo el billete que pueda y saco la vuelta pues en este país no se hace nada» (Thieroldt, 1999a). Cinco años después, ya en el 2003, leí en la carátula de un periódico de bajo costo que se caracteriza por escribir lo más parecido posible a la forma de hablar de los sectores populares: «General estafó a 25 mil tombos. Con cuento de la casa propia chapó más de medio palo verde de mutual. Investigación PNP establece que mal oficial Guillermo Cáceres ya fugó a Miami» (El Popular, 2003). Chapar es una de las palabras más usadas por los jóvenes entrevistados porque es sinónimo de «agarrar»: chapar piedras, palos o cuchillos, chapar a alguien por el cuello, chapar un reloj y salir corriendo, etcétera. Sacar la vuelta es, también, una de las frases más usadas por estos jóvenes, ya que significa literalmente «abandonar la escena» o «huir». Se saca la vuelta luego de un robo, o cuando se llevó la peor parte en algún conflicto violento. En el caso del titular de periódico, el general, después de chapar medio millón de dólares, sacó la vuelta a Miami. Es usual que los jóvenes pandilleros se dibujen a sí mismos en las paredes de sus barrios luciendo gorras de béisbol, pantalones bastante 285
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx