amigo, como una especie de reconocimiento al valor ajeno. Algo así como: «yo lo pensaría dos veces antes de ir hacia allá». Es importante anotar que nadie es parador a solas. La noción de parador, en tanto ideal, pertenece a una dimensión más colectiva que individual. El parador necesita otros paradores como él a su lado y una masa de gente detrás. Los jóvenes considerados paradores no acuden a una pelea sin otros jóvenes a su lado que ellos también consideren como paradores. Saben que por más admiración que les tenga el colectivo, muy pocos van a tener el valor de recogerlos del piso segundos antes que lleguen los enemigos. Hasta aquí, hemos apreciado cómo una de las recompensas que pueden encontrar los participantes de estas actividades es el reconocimiento. El guerreo es aquel momento especial en donde se reafirma la existencia social que se obtiene al ser parte de una red de intercambios. Quien no participa no es aplaudido, no es valorado socialmente por sus pares. Así como el ingreso al grupo consiste un largo y emocionante proceso de vinculaciones y compromisos, se puede afirmar que la salida es otro largo proceso en el cual la intensidad y la frecuencia de los intercambios va disminuyendo hasta lograr cierta «independencia» frente al grupo. En la jerga de la cárcel plantarse significa abandonar las actividades delictivas. Palabra que nos hace pensar en algún jugador de cartas que decide ya no seguir arriesgando. En el caso específico de la jerga de estos jóvenes, y desde la perspectiva de las recompensas colaterales, se puede decir que esta palabra (plantarse) les sirve para señalar aquel momento en el que finalmente la prudencia le ganó a la fascinación. Adrián es un joven que al momento de la entrevista tenía 20 años, trabajaba en una fábrica de cartones y pertenecía a un grupo conocido como Los Caciques en el que se reúnen decenas de jóvenes que habitan en la urbanización Palermo, en el Cercado de Lima. Con este joven conversé sobre el momento del retiro y le pregunté qué pasaría si se encuentra con un ex rival: Si tú sigues en pandillaje, y yo sigo en pandillaje, entonces te puedo cagar. Pero si yo me abro de la pandilla, también formo mi familia y él tiene su familia... ya puta pe: ¡ya pasó! ¡qué lo voy a cagar! ¡me meten preso! ¿y a mi familia quién la va a mantener? ¡ah no...! Lo primero que tenemos que advertir es que al imaginar el momento de su salida del grupo se ubicó del lado de la «normalidad», como si hubiera 278
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