Lo que sucede es que la naturaleza de ese heterogéneo colectivo generacional que denominamos pandilla no es otra que la de servir como satisfactor a un número indeterminado de necesidades. No podemos olvidar que estamos hablando de un grupo humano en donde no hay recursos que administrar, ni voluntades que doblegar. No he encontrado palabras en el lenguaje de los jóvenes denominados pandilleros para señalar personas en puestos claves. No existe ninguna palabra del tipo «jefe». Se puede afirmar que dentro de estos grupos de jóvenes se vive una especie de ilusión de igualdad y solidaridad. No hay palabras para señalar personas de carne y hueso. Solo palabras para expresar el ideal y su opuesto. La palabra parador expresa la categoría ideal del compañero, lo que todos debieran ser. La palabra viene de «estar parado», «detenido». De «parar» o «detener» al barrio rival. En los combates callejeros los jóvenes que siempre están adelante son señalados por el resto de esa manera. Se trata de los compañeros que en esas circunstancias representan el máximo de seguridad posible. De ellos se espera que no corran (pase lo que pase, esté quien esté al frente), que no permitan que capturen a algún miembro del grupo, que recojan del suelo a los caídos antes que llegue la turba contraria. Así se denomina a los que más se ajustan a la norma ideal de reciprocidad. Dentro de la jerga de estos jóvenes, la palabra aflojar es el antónimo de la palabra parar. Aflojador o aflojón es la palabra que designa a aquellos en los que no se puede confiar en una situación de peligro. Aquellos que nunca están ni remotamente cerca de la primera línea o aquellos que desaparecen rápidamente de la escena cuando las cosas parecen complicarse. Hay que tener en cuenta que parador es una palabra que el colectivo utiliza para recompensar al compañero. Nadie utiliza esa palabra para referirse a sí mismo. Tampoco se dice frente a frente. Es un tributo que sirve para recompensar a un ausente ante terceros. Es usual escuchar que alguien diga de un compañero que no está presente algo así como: «ese pata es paradorazo». Pero nunca le va a decir «tú eres un parador», a menos que se trate de un sarcasmo. Lo que sí vamos a escuchar es: «aquí todos paramos», con la intención de decir que todos son iguales, que en ese barrio todos se involucran de la misma manera. También es posible escuchar «allá todos paran» cuando se habla de otro barrio, enemigo o 277
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