Ese gol existe 2da edición

que es como tu hermano, entonces, cuando le pasa algo a él, te duele ¿no es cierto? Y si tú puedes ayudarlo en algo, lo haces ¿no es cierto? ¡Eso es el barrio pe! Apadrinar es la palabra con la que estos jóvenes designan la intervención de un tercero que tiene como misión restablecer el equilibrio en una relación que en opinión de los involucrados ha tomado matices de abuso. Acción que la mayoría de veces termina generando un nuevo desequilibrio mediante un nuevo abuso. Con este término se describe la acción de un tercero «justiciero». Franchesco nos explicó cómo funciona esta dinámica de prestaciones de ayuda mutua celebrada, por lo general, de manera intergeneracional: Por ejemplo ya, tú eres mi pata. Yo me mecho, alguien me pega. Yo sé que tú mechas más que yo y te digo: “¿Sabes qué? ¡Me han chancado!”... ”¿Quién te ha chancado ¡Está huevón! ¡Tú eres mi pata! ¡Está huevón!” Tú vas y me apadrinas: ”¿Tú por qué le has pegado a mi pata? ¿Te crees pendejo?” Tú lo chancas. Ya, ese huevón trae a su padrino. Ya, tú eres su padrino, te chancan a ti. Tú, como ya eres más viejo, más peso, traes a tu padrino, los chanca... ¡y ya! ¡se mete el barrio! ¡y se mete el otro barrio! Y así comienza la bronca de barrio pe. La práctica de estos padrinazgos (así como la existencia y el uso de la palabra en sí misma) ilustra perfectamente cómo las broncas de barrio o guerreos son, en el fondo, el resultado de la articulación colectiva de pequeños compromisos individuales. Además, el padrinazgo puede ser entendido como una forma institucionalizada de transmitir de una generación a otra los conocimientos y las soluciones desarrolladas entre agentes socializados de la misma manera, que han abrazado elementos identitarios comunes y que han tomado decisiones parecidas. Como se puede apreciar, según las explicaciones que nuestros observados nos ofrecen sobre sus propios actos, importa poco el origen del conflicto en el que se hayan involucrado sus compañeros de grupo, lo que realmente importa es respaldar al compañero frente a una situación de peligro. En el futuro se va a esperar la misma reacción por parte del resto del grupo. Algunos de los entrevistados fueron bastante claros al explicar que literalmente cualquier cosa puede provocar que dos redes se enfrasquen en un conflicto violento: roces dentro de una fiesta, silbidos en la calle a la pareja o un intento de asalto. Tengamos en cuenta que la seguridad frente a las agresiones con las que se pueden tropezar en las calles fue una de las primeras necesidades que los jóvenes entrevistados 273

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