cortantes, piedras y palos, con el objetivo de capturar a algún miembro de la masa contraria. Los que se encuentran delante de ambas masas se miran las caras, esquivan las piedras y tratan de atrapar a algún contendor. Pero, al mismo tiempo, impiden que alguno de los suyos sea absorbido. Los grupos se llegan a acercar bastante, a veces, a escasos dos o tres metros de distancia, pero nunca el enfrentamiento es cuerpo a cuerpo. Muy raras veces sucede eso y, cuando sucede, la confusión es generalizada, por muy breves instantes el pánico se funde con la ira, todos tratan de salvar su propio pellejo e inmediatamente los involucrados intentan volver a distanciarse. Lo hacen corriendo desesperadamente en pequeños grupos que se buscan y se van sumando hasta recomponer el colectivo. Cuando conversamos acerca de las peleas colectivas (guerreos) que protagonizan los jóvenes de pandillas enemigas o barrios distintos desde la lejanía del recuerdo y frente a alguien que maneja otros horizontes normativos (yo), los entrevistados aseguraron que la mayoría de las veces se producen por «tonterías». Pero, al mismo tiempo, una atenta lectura de sus testimonios y una sostenida observación de sus actos, demuestra que le otorgan una gran importancia al desarrollo del conflicto en sí mismo. Desde un primer nivel de análisis se puede afirmar que las colectivas peleas que protagonizan los grupos de jóvenes considerados pandilleros tienen su origen en los compromisos que resultan de la articulación de redes de ayuda mutua construidas por los jóvenes de un mismo vecindario desde muy pequeños. La naturaleza e importancia de estos vínculos facilitaría que los conflictos individuales sean asumidos rápidamente por los colectivos que hay detrás de cada uno de los contendores. Franchesco es un joven que en el momento de la entrevista tenía 19 años, él nos contó que había crecido en el Callao, pero que gracias a vínculos familiares ha vivido varios años en el distrito de La Victoria, lo que le permitió ser miembro del grupo Barraca Rebelde. En la época en que fue tomado su testimonio, este joven se ganaba la vida micro comercializando drogas. Cuando conversé con él acerca de las peleas entre personas de barrios distintos, su explicación puso énfasis en las fuertes expectativas normativas y emocionales que existen entre quienes cooperan cotidianamente: ¡Es gente que siempre ha estado contigo pe! Ponte por ejemplo, si yo paro con él, no me gusta que a él le peguen pe, ¡ni cagando! ¡voy y le pego pe...! ¡Es que la gente del barrio es desde chibola pe! Por ejemplo, hay varios huevones que son hijos únicos. No tienes hermanos, tú tienes tu causa, tu pataza que es de tu barrio, 272
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