los muertos, me sacaba las flores y las vendía, y de ahí me recurseaba. Le pregunté cómo un niño de cinco años pudo llegar a un cementerio que quedaba en otro distrito. Respondió que gracias a un amigo de su barrio que era de mayor edad que él: ¡Con un loco! ¡El Loco Javier! Del Porvenir. Que ahora recoge cartones. Ahorita tendrá algo de 33 años ¡por lo menos! Me veía que yo a veces a los tíos les pedía plata: «Tío, ya pe...». Él me decía: «Oe... ¿Para qué pides plata? ¡Si yo tengo plata!», él hablaba así. «Yo tengo plata», me decía. «¿Tu quieres ganar plata? ¡Yo te voy a hacer ganar plata!», me dice. [...] Yo le dije: «Ya pues, ¡vamos!» Y él... o sea, me utilizaba ¿no? Pero ya después yo fui aprendiendo. Él necesitaba un pata para que le pueda sacar las flores. Él miraba, marcaba y decía: «Ya anda, y sácate las flores y vete por allá...», él era como campana. De lo que vendíamos él siempre se llevaba la mayor parte ¿no? Después como fui creciendo yo, él ya me daba normal. Vendía todo. Yo ya ganaba y contento. Yo nunca me compraba ropa, no me interesaba la ropa, solo el qué llevar para la casa. ¡Pa! le daba a mi mamá, y contento, ¡pa! con toda la gente. Foto 17. «Al son del bombo», corazón del Comando Sur. Don Balón, 2000. 268
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