reglas a todos y cada uno de los miembros del grupo social al que se aplican las normas y reglas» (Heller, 1990, p. 16). Los hallazgos aquí condensados nos permitirán apreciar cómo, paradójicamente, la facilidad de los jóvenes entrevistados para desentenderse del prójimo o del conciudadano, responde a ese temprano ejercicio de cooperación: para estos jóvenes sus responsabilidades hacia los otros no van más allá de los vínculos que han establecido en la vida. Desde la manera en que han ordenado el mundo, y entienden su funcionamiento, les resulta sumamente complicado hablar de bondad, maldad, justicia o injusticia cuando hablan de sus relaciones con personas que no pertenecen a sus comunidades locales. 5. RODOLFO Y EL LOCO JAVIER Gracias al trabajo de campo pude comparar distintas trayectorias biográficas y encontrar elementos comunes. Si bien no todos los jóvenes entrevistados se unieron a sus respectivos grupos a la misma edad ni por los mismos motivos, para ilustrar el «inicio» temprano de mis observados en la construcción de vínculos en las calles tomé como caso representativo el relato de Rodolfo. Resulta fácil de observar que para muchos niños y jóvenes, agobiados por una profunda pobreza económica, el ser parte de uno de estos grupos se convierte en una oportunidad para obtener dinero mediante el robo o la venta de artículos robados. Pero, una observación más cercana y atenta pone en evidencia que las motivaciones son mucho más complejas, como por ejemplo el deseo de lograr algún prestigio social, el sentido de pertenencia o la búsqueda de seguridad en un entorno sumamente peligroso. Rodolfo es un joven que al momento de la entrevista tenía 26 años y trabajaba como empleado en una empresa de cajas de productos alimenticios. Anteriormente había trabajado en gasfitería, albañilería y parchado de llantas, entre otras labores. Rodolfo fue uno de los primeros miembros de un grupo de jóvenes del distrito de La Victoria conocido como Barraca Rebelde. Durante la entrevista le pedí que me cuente acerca de su primer «trabajo» y me respondió que fue en el cementerio y a la edad de cinco años: Cuando yo era chiquito me iba de frente al cementerio. Recogía estampillas, me robaba las flores del cementerio y las vendía afuera. Yo me iba a los cajones de 267
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