Básicamente, una norma es una idea que ocupa las mentes de los miembros de un grupo, idea que surge sobre la marcha de las relaciones sociales, cobra «vida propia», trasciende a los individuos, e influye sobre ellos en tanto es una idea que expresa y especifica lo que los miembros de dicho grupo, en determinadas circunstancias, deben hacer o se espera que hagan (Homans, 1971). En general, cuando nos referimos a una norma nos referimos a una «expectativa» con respecto a la acción de los otros miembros del colectivo. Por lo tanto, la construcción de normas sociales puede ser entendida como un proceso de construcción de seguridad o certeza, ya que establece márgenes de predictibilidad acerca de la conducta de otras personas. Esta última cualidad de las normas sociales no solo nos lleva a colocar este concepto en la esfera del deseo, sino que también nos lleva a pensar en su cercanía con el concepto anterior: ¿una expectativa no es un sentimiento? Ya que todos los teóricos coinciden en que no hay norma sin castigo, ¿no son los sentimientos los fundamentos de las normas? ¿Sentimientos y normas son conceptos que expresan una sustancia similar? Frente a esta interrogante, Jon Elster nos dice que ambos conceptos son como «hermanastras» (Elster, 1997), ya que se apoyan, limitan y sobrepasan entre sí. De acuerdo con Elster, las emociones participan de todas las normas sociales, como factores de imposición externa (por ejemplo, los ojos indignados del colectivo que nos hacen sentir vergüenza) o interna (la culpa que nos castiga en solitario). Al mismo tiempo, las normas regulan la expresión de las emociones y hasta las emociones mismas184. Desde la propuesta teórica de Heller podemos dibujar contornos de comunidad utilizando su conceptualización de sentimientos formulando preguntas del tipo ¿frente qué nos movilizamos?, ¿qué ideas o hechos suscitan nuestra atención?, ¿qué nos indigna o qué nos conmueve? En este sentido, el mundo de las emociones o sentimientos se convierte en un importante indicador sobre la fortaleza de aquellos cada vez más amplios y abstractos sentidos de pertenencia que queremos construir: «cuanto más extensas sean la integraciones y más generales los conceptos con los que me identifico, más amplio es el círculo de mi implicación; no solo me produce un impacto la muerte del vecino, sino que me hago capaz de llorar incluso la muerte de un héroe en un país distante» (Heller, 1971, p. 19). El concepto de norma también puede ser tomado como referencia para dibujar contornos de comunidad. De la propuesta de Heller se desprende 265
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx