tanto en la democratización interna como en su integración en asociaciones más amplias, hasta la consideración de una ciudadanía planetaria» (Morin, 2000). La naturaleza de este texto nos obliga a prestar atención hacia el interior de estos agregados sociales y para ello, tomaremos una de las ideas de Ander Gurruchaga. Para este autor, pese a que el discurso nacional es un invento «moderno» que intenta homogenizar culturalmente el interior de sus territorios disolviendo sentidos particulares de pertenencia, en la práctica este discurso no operaría «racionalmente», ya que pretende convertirse en el sustituto ideal de dichos sentidos, en un nuevo motivo de adscripción (Gurruchaga, 1990). Dentro de este esquema, para Gurruchaga los conflictos intra nacionales son episodios en los cuales dentro de un territorio «estatalmente definido, emerge un grupo que ha elaborado un sentimiento de comunidad y lo lanza contra la definición de la realidad dominante en ese territorio» (Gurruchaga, 1990, p. 112). Usualmente los dialectos lingüísticos regionales, los mitos de origen disidentes, la diversidad religiosa y la variedad étnica son considerados factores potenciales de desintegración nacional, pero ¿qué pasa cuando dentro de una misma ciudad sus habitantes, hablando un mismo idioma, creyendo en el mismo dios y cantando el mismo himno nacional construyen nosotros distintos en cada esquina? En mi opinión, la característica más distintiva y peculiar del proceso de socialización primaria de los jóvenes pandilleros es la temprana construcción de vínculos de intercambio teniendo la calle, y no el hogar, como escenario principal. Las escenas iniciales de los relatos autobiográficos que recogí, con y sin grabadora, están marcados por el recuerdo de un esfuerzo por la sobrevivencia en compañía de vecinos de similar o de mayor edad en la misma situación: grupos de niños y jóvenes que salen de sus barrios a vender golosinas, cantar en los microbuses y arranchar carteras. Escenas que además veía repetirse mientras caminaba por sus esquinas. La propuesta de este artículo consiste en señalar que el origen de esos grupos que señalamos con la palabra pandilla se encuentra precisamente en ese ejercicio de intercambios o prestaciones de ayuda entre niños y jóvenes que no encuentran otra manera de satisfacer sus múltiples necesidades. Si nos detenemos por un instante para pensar en las actividades que distinguen a los jóvenes pandilleros del resto de jóvenes de la ciudad (de 263
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