Foto 16. Jugadores de la Confederación Deportiva Universitaria (años más tarde, Universitario de Deportes) en la Universidad Mayor de San Marcos, 1926. Archivo Rafael Quiroz Salinas. Son años en los que la juventud universitaria emerge en toda América Latina como un actor social y político, que cuestionaba el orden y la enseñanza tradicional en la universidad, y que encuentra en el deporte una arena más para la expresión de sus actividades. La prédica por una juventud saludable y vigorosa, con sentido del honor y la decencia, y con la fuerza necesaria incluso para defender a la patria ante potenciales conflictos bélicos, formaba parte de los discursos modernizantes. En este contexto, el fútbol fue concebido como un medio para crear al «nuevo hombre peruano», y las élites universitarias no podían estar al margen de ello; más aún cuando el fútbol, que se había convertido en el principal espacio público de competencia, estaba dominado por clubes de obreros y trabajadores, con jugadores negros y mestizos, que, a juicio de muchos, no representaban la modernidad cosmopolita a la que se aspiraba. De esta manera, un importante sector de la población identificada con los ideales del progreso y la modernización encontraron en el Universitario de Deportes el medio para ingresar a la competencia deportiva con una organización y una identidad propia, que les permitió reclamar prestigio y superioridad también en este terreno. Desde un inicio, el club Universitario de Deportes se dota de elementos simbólicos, en especial sus héroes deportivos, que representan la antítesis de los bohemios, hábiles e idolatrados jugadores del Alianza Lima. Para ello se propusieron encarnar una conducta deportiva «modelo» e influenciada por la cultura deportiva 244
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