Ese gol existe 2da edición

surge el actor social que gana «en la cancha» el derecho a representar a la patria. No hay que olvidar que estos son años de nacionalismo acrecentado. En el debate intelectual y político sobre las causas de la derrota en la guerra, se señalaba la ausencia de un Estado nacional, el carácter pasivo de las élites y la composición racial del pueblo —es decir, demasiados negros, cholos y chinos como para hacerle frente al ejército chileno que se orgullecía de su influencia prusiana—. Sin embargo, desde la sociedad misma hay afirmaciones positivas de la idea de patria, como, por ejemplo, los numerosos clubes de barrio que se fundan por esos años con nombres de héroes o situaciones vinculadas a la guerra. También hay nuevos héroes y nuevas batallas, esta vez en los espacios públicos por excelencia que son los campos de fútbol, sean estos las calles, los potreros o los estadios; se trata de héroes populares capaces de ir más allá de lo imaginado, como vencer a quienes nos vencieron antes y hacer realidad el sentimiento de victoria. El éxito deportivo también provocó reacciones conservadoras y racistas. En 1929, el Alianza Lima fue suspendido un año de toda competencia por la Federación Peruana de Fútbol. Se le prohibió además jugar en todos los campos administrados por la FPF. El motivo: sus jugadores se negaron a suspender el campeonato local para dedicarse exclusivamente a preparar la selección nacional que jugaría el Campeonato Sudamericano de Argentina, argumentando que ellos necesitaban el dinero de las taquillas para vivir. Parte de la prensa conservadora acusó a los jugadores aliancistas de ser «anti-peruanos», de pensar solo en el dinero y no en el «honor» de jugar por la patria. No faltó alguna personalidad pública que celebró las sanciones, diciendo que era bueno que los aliancistas no fueran seleccionados, porque así los argentinos no pensarían que todos los peruanos éramos «negros» (Deustua & otros, 1986). 241

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