Ese gol existe 2da edición

Con la participación de estos clubes se organizaban campeonatos ya no solo en los eventos benéficos antes mencionados, sino también para conmemorar diversos aniversarios patrióticos o religiosos: la Virgen del Carmen, la fiesta de la Independencia, el Día de la Raza, la fiesta de Santa Rosa, el aniversario de Miguel Grau, y muchos más. También se organizaban matches de fútbol entre equipos de presos y equipos de afuera, que venían a ofrecer exhibiciones para la población penal. Hemos encontrado también referencias a competencias «inter-prisiones» en diversos momentos. En enero de 1937, por ejemplo, la Asociación Cristiana de Jóvenes donó una copa para disputarse en un campeonato a realizarse en la penitenciaría168. En julio de 1938 se jugó en la penitenciaría de Lima la «Copa Municipalidad del Rímac» con la participación del Deportivo Estrella, un equipo «de la calle», y varios equipos de internos169. Hacia fines de la década del 30 se llevaban a cabo «olimpiadas» deportivas en la penitenciaría: durante diez días seguidos, los presos competirían en fútbol, básquetbol, voleibol, atletismo, tiro libre al cesto, bochas, ping pong, sapo, ajedrez y damas. Para participar en estas competencias, las autoridades les exigían que se organizaran en clubes170. En la década de 1940 el entusiasmo por el fútbol seguiría en aumento. En abril de 1946 se llevó a cabo un partido entre el Sucre Football Club, de la cárcel central de varones, y un equipo de la penitenciaría, a jugarse en la cancha de esta última. El director general de prisiones aprovechó la ocasión para advertir a los jugadores que «la menor falta de disciplina dará motivo a que las justas deportivas se prohíban en lo sucesivo»171, lo que revela una vez más el uso controlado del deporte por parte de las autoridades para procurar imponer orden y disciplina entre la población reclusa. Como en el caso de los clubes deportivos que existían en la sociedad «libre», aquellos formados dentro de la cárcel cumplían además otras funciones, aparte de la búsqueda de crear o reforzar estructuras clientelistas: forjaban (o consolidaban) relaciones de solidaridad y ayuda mutua, permitían desarrollar formas de identidad y amistad relativamente estables —algo que, en la prisión, resultaba ciertamente crucial para sobrevivir condiciones generalmente inhumanas—, y, quizá más importante, contribuían a mantener abiertos los canales de comunicación simbólica y material con la sociedad de afuera, lo cual contribuía poderosamente a subvertir la lógica detrás de su propio encarcelamiento. Los clubes deportivos —más allá de los intentos de manipulación por parte 228

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