Ese gol existe 2da edición

Bernardino León y León ofreció una serie de recomendaciones para combatir el onanismo, la homosexualidad y otros casos de «anormalidad sexual». Entre ellas, la práctica de «ejercicios sanos, tanto en juegos como en el trabajo», de modo que los presos se acuesten cada noche «cansados físicamente»: «Las horas de recreo deben pasarlas tanto como sea posible en reunión unos con otros, pero dedicados a la práctica de agradables pasatiempos». El deporte, afirmó León y León, es una de las «medidas profilácticas» que ayudarían a combatir los vicios y las tendencias criminales (León y León, 1934, pp. 79, 81). El nuevo director de la cárcel central de varones, Celso Gamarra, propuso enérgicamente en 1933 que para combatir la ociosidad de los detenidos había que incentivar el deporte. Aparte de apoyar el fútbol también construyó una cancha de básquetbol en la cárcel166. Y en su anteproyecto de reglamento de la cárcel de varones, el penalista Gabriel Seminario Helguero sugería, en 1937, incluir una hora diaria de ejercicios físicos obligatorios, de 7 a 8 de la mañana, dirigidos por el profesor de educación física, y que incluirían media hora de gimnasia y media hora para jugar un match de basketball o de foot-ball. Quienes no formasen parte de los equipos debían ser obligados a espectar los encuentros (1937, pp. 102-104). Gracias al entusiasmo de los presos y el apoyo de las autoridades, por tanto, la práctica del fútbol y otros deportes creció en las prisiones a partir de 1930 de manera verdaderamente asombrosa167. Existen evidencias de que, durante ciertos períodos, los presos (al menos, los más afortunados) jugaban fútbol en la pampa de la penitenciaría todos los días. En El Frontón, una cancha de fútbol fue oficialmente inaugurada en enero de 1929 con un match entre diversos equipos de la colonia penal, lo que impulsó su práctica entre los cientos de detenidos allí recluidos (Ramos, 1990, p. 207). La proliferación de clubes deportivos muestra la popularidad que fue tomando la práctica del fútbol en las prisiones. En la penitenciaría se formarían, a comienzos de los años 30, varios de estos clubes: El Club Deportivo Libertad, el ya mencionado Independiente Sporting Club, el Club Libertador San Martín, entre otros. En la contigua cárcel central de varones —creada en 1928 para remplazar a la cárcel de Guadalupe, y que ocupaba una sección de la penitenciaría de Lima—, también proliferaron los clubes, entre ellos, uno llamado el Club Sucre. Cada uno de estos clubes nombraba un padrino, generalmente una autoridad carcelaria o política, a quien además los presos le solicitaban la donación de uniformes y otros implementos para la práctica del deporte. 227

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