su caída una vez, no habían perdido lo que guarda digno de confianza el fondo de toda alma capaz de asimilarse al bien, y otros que se han redimido ya de su pasajero extravío, gracias a la iluminación dada a sus conciencias por el humanitario, racional y científico régimen penitenciario que el estado imparte a sus condenados; Que, sin duda, esta oportunidad es optimamente merecida y acrecería en significado americano y peruano genuino si fuese alcanzada por el elemento indígena que, con evidentes circunstancias de escasa responsabilidad, sufre, resignado y ejemplar, penas que en él nada corrigen por lo general y, acaso, más bien, producen efectos negativos para el presente y el porvenir de esta raza, circunspecta y pura por naturaleza. Piden los presos al presidente Leguía ejercer su «magnánima influencia» ante el Congreso para que este sancione una ley de indulto para indígenas y otros penados162. Aunque dudamos que Leguía se haya sentido motivado a intervenir en este caso, lo cierto es que los acontecimientos políticos no le iban a dar mucho tiempo para atender esta petición: solo días después de escrita la carta, Leguía sería depuesto por Sánchez Cerro y enviado él mismo a la penitenciaría de Lima en calidad de detenido. El caso del Independiente Sporting Club, formado en la penitenciaría de Lima, nos ofrece otro ejemplo de esta estrategia. En diciembre de 1935, pocos meses después de su fundación, un grupo de 10 miembros de este club envían, en correcto papel membretado, una carta al presidente Óscar Benavides: Los suscritos, en la humilde hoja de nuestro Centro Deportivo, nos honramos en saludarlo y expresarle nuestras más calurosas felicitaciones por la ampliación de su Gobierno a 3 años más. Pues estamos seguros del enorme progreso que alcanzará nuestro País en ese lapso de tiempo, si se cumple, como no dudamos, el programa de Gobierno que escuchamos por radio la noche del 8 del corriente. Pero como nosotros deseamos contribuir con nuestro grano de arena a su Gobierno, pues aunque alguna vez incurrimos en falta, nos hemos arrepentido de ella, nos hemos regenerado en la prisión, hemos aprendido oficio y observamos por esto buena conducta —le pedimos que nos indulte el tiempo que nos queda de condena [...]. Estamos dispuestos a dar la vida por su persona y su gobierno y ser elementos de progreso. [Somos] elementos de orden en este Establecimiento Penal y no constituyendo moralmente ningún peligro en la vida de reclusión, nos sentimos dignos de un indulto. Aspiramos pasar esta Pascua en compañía de nuestros hijos. Nos repetimos sus humildes servidores163. 224
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