Ese gol existe 2da edición

embargo, radica en la constatación de que la práctica del fútbol se había convertido ya para esta época no solamente en una afición popular entre los presos, sino también en un tema de interés para las autoridades. Aunque discursivamente ambos actores compartían los mismos objetivos —la mejora de la salud y de la raza—, en la práctica buscaban instrumentalizar la práctica del fútbol en función de sus propias estrategias de poder y autoridad dentro de la prisión. Estas pugnas y su conexión con la práctica del deporte nos remiten a los varios «usos» del fútbol como manifestación cultural, simbólica y política al interior de las cárceles de Lima. Uno de esos usos tuvo que ver con la forja de relaciones de clientelismo que daban forma a muchas de las iniciativas y acciones tanto de las autoridades como de los presos. Las celebraciones y competencias deportivas aludidas antes ofrecían a ambos grupos la posibilidad de desplegar tácticas que apuntaban a algo más que la práctica del deporte como entretenimiento o como formador de cuerpos sanos y conductas dóciles. Desde el punto de vista de las autoridades, y en la medida que la participación en estos eventos estaba sujeta a la buena conducta de los presos, las celebraciones deportivas y festivas aparecían como mecanismos para reforzar el control y la disciplina al interior de las cárceles. Más aún, el programa, los discursos y hasta las canciones que se interpretaban, tenían como objetivo claro reforzar la ideología de conformidad y obediencia que las autoridades penales buscaban imponer sobre la población carcelaria. Desde el punto de vista de los presos, estas eran ocasiones no solo para aparecer como voluntariosos y obedientes colaboradores de las autoridades, sino también para establecer vínculos de clientelismo con autoridades de diferentes niveles (ministros, funcionarios, autoridades de las prisiones, etcétera). En una sociedad donde el clientelismo político y la adulación constituían los principales bastiones de la legitimidad política, no debe resultar sorprendente que los presos buscasen mejorar sus condiciones de vida y encierro apelando a la búsqueda de lazos verticales de clientelismo159. Los discursos que se leían en estas ocasiones son particularmente reveladores. Durante la celebración del Día de la Madre en la colonia penal El Frontón, en mayo de 1928, el detenido V. M. Briceño Yáñez pronunció el discurso de agradecimiento a nombre de los presos. Luego de una larga alocución sobre la madre, no dejó de mencionar a «nuestro ilustre mandatario Excmo. Señor Augusto B. Leguía; amoroso hijo y amoroso padre», quien les servía, dijo, como «sublime ejemplo» a través 221

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