Ese gol existe 2da edición

por mantener la separación. De acuerdo a los patrones raciales de la época, los criollos se sentían superiores a los indígenas y, por tanto, procuraban no mezclarse con ellos. En su respuesta a esta oposición de los reclusos, las autoridades enfatizaron que dichas rivalidades resultaban inaceptables, no necesariamente por los contenidos racistas o raciales que ellas conllevaban, sino porque las tensiones derivadas de ellas ponían en riesgo la disciplina interna de la prisión. Las tensiones étnicas, explicó el director de la escuela de la penitenciaría cuando fue consultado, basadas «en el pigmento de la piel o en el hecho accidental de haber nacido en tal o cual ciudad de la costa», originaban discordias que el deporte podía hacer desaparecer: «procuremos, entonces, vincular a los hombres tratando de destruir toda actitud egoísta». Luego de exigir que «en un [solo] campo deportivo jueguen costeños y serranos, indígenas y blancos», cierra su reflexión con una encendida proclama igualitaria: «en un país democrático no se pueden propiciar odiosidades, edificadas sobre caracteres raciales. La superioridad no nace de los signos morfológicos, sino de la virtud, del talento o de la capacidad sobresaliente del trabajo». Sin embargo, casi a continuación, fustigó la pretensión de los presos de influir sobre las decisiones en torno a la administración de la prisión. No se debe tolerar, dice, que los presos «opinen, discutan y se opongan a los proyectos de carácter técnico», pues no se debe confundir «el tratamiento humano con la sensiblería, incompatible con reclusos que por algo son delincuentes». Pero los presos, como he demostrado en otro estudio, no solo se oponían a ciertas decisiones de la autoridad, sino también formulaban sus propias iniciativas —verbalmente o por escrito— con respecto a las condiciones de su encierro (Aguirre, 2001). Estar presos no los inhibía de la capacidad de contestar las acciones de las autoridades, aunque para ello tuvieran a veces que disfrazar sus argumentos o utilizar métodos aparentemente serviles. Cuando las autoridades replicaron cuestionando la pertinencia de utilizar argumentos raciales para mantener las dos pampas, los presos —de nuevo, probablemente sobre todo los criollos— cambiaron de estrategia: no se negaban a la clausura de la pampa por cuestiones raciales, sino porque no querían ver reducidos los espacios para la práctica del deporte. Una carta, firmada por el preso Faustino Navarro, aseguraba que la propuesta los iba a privar «de uno de los mejores complementos de su salud: cuál es, la alegría, el ejercicio sembrador de entusiasmo; los hombres enfermizos de espíritu, malhumorados, etc., encuentran allí un momento de alegría que les brinda el deporte». El deporte ayuda a promover la buena salud y esta, 219

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