Ese gol existe 2da edición

de estos «patios» debían usarse para que los presos cultiven flores u hortalizas, lo que les permitiría hacer «ejercicio» y obtener algún ingreso. Sin embargo, el uso de estos terrenos, sugería Paz Soldán, debía estar sujeto a la «buena conducta» de los presos (1853, p. 131). De hecho, no solo los presos, sino también guardias y autoridades de la penitenciaría, se dedicaron con comprensible entusiasmo al sembrío de hortalizas y, también, a la crianza de aves de corral, negocio este que, al parecer, resultó muy lucrativo (y que habría de generar numerosos episodios de tensión y conflicto entre autoridades y presos). Pero conforme se fue popularizando el fútbol, estos dos patios o «pampas»156 empezaron a ser utilizados para la práctica de ese deporte, con la característica peculiar de que fueron apropiados por grupos distintos de presos, divididos según su pertenencia étnica y regional. Uno de los patios pasó a ser conocido como la «pampa de los criollos» y el otro como la «pampa del Tahuantinsuyo». En el primero jugaban fútbol y se entretenían los presos limeños y costeños en general, mientras que en el segundo lo hacían los «serranos» o «indígenas». Al parecer, esta división, generada por los mismos presos, había sido aceptada sin problemas por las autoridades. Dudamos que estas divisiones hayan sido absolutamente rígidas, pero sí es cierto que al interior de la penitenciaría de Lima, como en otras prisiones, y como en el resto de la sociedad, las tensiones étnicas enfrentaban a grupos que se percibían mutuamente como distintos —y, en el caso de los «criollos», como superiores a los indígenas—. Para el director de la penitenciaría de Lima en 1929, sin embargo, esta «animadversión» entre presos de la costa y de la sierra se debía «en gran parte, a los juegos que se practican por separado, en diferentes terrenos». Para el director de la escuela de penados de la misma prisión, «las rivalidades existentes entre los reclusos de la sierra y de la costa, son efectivas», pero se hicieron más «tirantes» al adjudicárseles las pampas a cada grupo157. En abril de 1929, las autoridades de la prisión aprobaron el proyecto de construir un aula para presos en una de las pampas, lo cual habría obligado a los reclusos a compartir el único espacio que les iba a quedar para practicar su deporte. Al parecer —puesto que no contamos con todos los documentos del caso—, los presos hicieron conocer su oposición verbalmente, y la formularon en términos raciales: criollos y andinos querían tener cada uno su propia pampa para no tener que mezclarse. No resultaría sorprendente constatar —aunque no tenemos las pruebas documentales— que fueron los criollos los más insistentes en su reclamo 218

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