Motivada por una preocupación sincera de solidaridad humana y conmiseración hacia los internos, y alentada por sus múltiples contactos con miembros de la administración de Leguía, Ángela Ramos consiguió que, al menos durante ciertas fechas simbólicas, los presos tuvieran un momento de alegría y entretenimiento. Así nació la celebración de «La navidad del preso», una jornada que se repetía cada año en la penitenciaría, la cárcel de Guadalupe, la colonia penal de El Frontón, la cárcel de mujeres de Santo Tomás y otros centros de reclusión154. Otras fechas, como el Día de la Madre, Fiestas Patrias, o las fiestas de Santa Rosa de Lima o la Virgen del Carmen, eran también celebradas en las prisiones gracias a iniciativas de personas como Ángela Ramos o algunas instituciones filantrópicas. Los programas que se desarrollaban en estas ocasiones eran muy similares: discursos de las autoridades, palabras de agradecimiento de algunos presos, lectura de poemas, interpretación de canciones y bailes, competencias deportivas —en las que participaban los presos y, a veces, incluso las guarniciones militares que tenían a su cargo la custodia de las prisiones—, entrega de regalos y premios (que incluían, por ejemplo, cigarrillos y artículos de uso personal), y a veces una comida especial para los detenidos. Por citar solo un ejemplo, el programa de Fiestas Patrias celebrado en la penitenciaría de Lima en julio de 1937 incluía los siguientes actos: Misa, Himno Nacional, las canciones «Cuando el indio llora» y «El obrerito», los tangos «La Cumparsita» y «Traición», el huayno «Una estrella se ha perdido», poesías a San Martín, la Patria y Bolívar, y la danza «La huaccha», todos ellos interpretados por reclusos. El programa concluía con un campeonato de fútbol155. Partidos de fútbol y voleibol, y algunas otras competencias deportivas, eran parte importante de estos eventos, y los equipos deportivos se preparaban para ellos con bastante anticipación. La combinación de elementos religiosos, patrióticos y deportivos revela el contenido pedagógico que se le quería dar a estas conmemoraciones. Una prueba de la importancia que había adquirido el fútbol en la vida cotidiana de los presos —y también de las tensiones raciales que informaban su práctica—, fue el incidente que se produjo en 1929 cuando las autoridades de la penitenciaría de Lima propusieron la construcción de un aula en el terreno conocido como Pampa del Tahuantinsuyo. Existían por entonces dos terrenos relativamente amplios dentro de los muros del panóptico, que eran utilizados para diferentes actividades, incluyendo la práctica del fútbol. En el diseño original de Paz Soldán, ciertas porciones 217
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