Ese gol existe 2da edición

reformador de conductas— buscaron tomar ventaja y utilizar el fútbol —y, en menor medida, otros deportes como el box y el voleibol—, no solo para producir «mentes sanas» sino también para mejorar su capacidad de control sobre los presos: una adecuada administración del deporte como entretenimiento —su uso como «recompensa» por buena conducta—, les permitía ejercitar una cuota importante de presión sobre los presos con relación a su comportamiento. En consecuencia, el fútbol se convirtió, con el paso de los años, en un ingrediente importante en la permanente negociación entre las autoridades y los presos en torno a la conducta de estos últimos. ¿Cuándo se populariza la práctica del fútbol en las prisiones de Lima? Nos es imposible contestar a esta pregunta con total certidumbre, pero nos arriesgamos a sugerir que se trata de un proceso gradual que marcha paralelo a la difusión del fútbol en la sociedad limeña en general y que se cristaliza hacia la década de 1920, cuando empiezan a aparecer en las cárceles limeñas clubes deportivos, se organizan festivales en los que se mezcla deporte, música y entretenimiento, y las autoridades empiezan a tomar cartas en el asunto, buscando promover y controlar al mismo tiempo la práctica del fútbol. Estas evidencias sugieren un ritmo de difusión muy parecido al que tuvo lugar en Lima: poco a poco, entre 1900 y 1920, el fútbol se apoderó de la afición limeña gracias a un proceso de difusión/apropiación que lo lleva de ser un deporte de élite a constituir una práctica masiva y popular153. Este proceso se cristaliza durante los años 20 cuando, según expresión de Guillermo Thorndike, el deporte —y no solo el fútbol— «enloqueció» a los peruanos (1978, p. 77). Una tesis de 1914 sobre las prisiones de Lima sugiere que ciertas prácticas deportivas, como «el salto, la carrera, la pelota», eran más bien reprimidas por las autoridades de la penitenciaría de Lima, lo que podría indicar que para los presos no era fácil ejercitarse en la práctica del deporte, y para las autoridades se trataba de una práctica innecesaria o hasta peligrosa (ver Valdez, 1914). Hacia finales de la década de 1920, sin embargo, ya el fútbol se había convertido en una actividad cotidiana e importante. Por esa época, la práctica del deporte —principalmente fútbol, pero también voleibol y box— se convirtió en protagonista central de las varias jornadas de esparcimiento y adoctrinamiento que se organizaban en las prisiones. A fines del gobierno de Leguía, una campaña dirigida por la conocida escritora Ángela Ramos intentó generar en la opinión pública y en los medios gubernamentales una corriente de simpatía hacia los presos. 216

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