70 por él un día antes. La imagen iba acompañada de un titular que con letras grandes decía: «Milagro en Santo Domingo», para líneas abajo, en letras un poco más chicas, informar que, durante el segundo recorrido del Señor de los Milagros, las novicias descubrieron que en vez del gracioso ratón de la imagen estaban ahora en su lugar, por obra celestial, flores blancas como símbolo de paz. Dantés me miró y yo a él. En ese momento recordé todo lo que había pasado: mi padre, la tierra moviéndose bajo mis pies, el desconocido lugar de La Perla, el gato negro, mi mejor amigo, el señor de los ojos caramelo, las amables niñas que me alimentaron, el perro que gentilmente transportaba a mi familia, los hombres cargando la imagen en sus hombros. En todo ello pensaba cuando Dantés me dijo: —¿Ya ves, Daniel? En octubre sí hay milagros.
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