En octubre si hay milagros

40 acercaba a uno de esos manjares sería atrapado y terminaría con una pata quebraba, la oreja partida, la cola sin punta y arrojado en un basurero. Resistí el hambre. Casi me quedé tieso de no moverme por tantas horas. Al cabo de dos días, antes de que oscureciera, escuché a la dueña darles las gracias a los trabajadores, pagarles por sus servicios y salir con ellos a cerrar. No sin antes decirles que Divino Tesoro volvía a ser el lugar donde los milagros existen. Ni bien escuché la puerta cerrada, tiré de la pita que abría la teatina y en menos de tres minutos Dantés ya estaba sobre las alas del arcángel.

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