En octubre si hay milagros

29 Le conté que yo vivía ahí; de mi familia, que llegó hacía mucho tiempo a esta tierra; de nuestro amor por el teatro y las artes; de mi madre y mis hermanos que se treparon a un carro que decía «La Perla»; de que me quedé porque en el instante de subir al vehículo vi a mi padre que venía de su trabajo en dirección a nosotros corriendo y que lo demás él ya lo sabía. Dantés me miró con serenidad. Se daba cuenta de mi situación y quería calmarme. Me dijo que no temiera, que mientras permaneciera en la tienda de los santos estaría a salvo; que él se quedaría conmigo por esa noche y que al día siguiente me contaría todo lo que debía saber de ese lugar y alrededores mientras pensábamos qué hacer para encontrar a mi familia. Nos fuimos al lado del santo de los ojos caramelo. Como no podía dormir, me acurruqué al lado del gato, que tomó los apuntes de mi padre y me comenzó a leer.

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