En busca del orden perdido

mundo son amados y queridos y honrrados, en el cielo mucho más. Con su amor y caridad tray a todos los rricos como pobres en el mundo y mucho más a los yndios pobres. Jamás se a oýdo pleyto ni quexas de los bienauenturados flayres. Y confesarse con ellos es gloria porque el penitente se arrepiente daquell[a] amor y caridad. Que me parese estos sanctos de Dios andubiese en los pueblos de los yndios, confesando todos los pobres yndios, cin temor se allegarían y le buscarían y no se huyrían. Porque, en deciendo que biene flayle franciscano, luego todos acude a besar las manos. Y ancí desta orden, saliendo obispo, son sanctícimos cierbos de Jesucristo. Y ací es muy justo que sea amado y honrrado en el mundo la santa casa y conuento del señor San Francisco y ayga mucha limosna en el mundo en este rreyno de las Yndias (Guaman Poma 2001: 630 [644]). La fundación del convento de los franciscanos en la ciudad de Huamanga se realizó en 1552. Participaron en ella nueve sacerdotes, entre los que destaca el padre Francisco de Victoria, que había llegado al Perú por 1548 como Comisario de la orden. Según una Relación de la Ciudad de Huamanga y sus términos transcrita por Pío Medina, este monasterio «Está bien edificado […] Hay en dicho monumento instituidas la cofradía del Santísimo Sacramento y la de la Veracruz y la de la Concepción de Nuestra señora las cuales sirven españoles. También tienen los indios otra cofradía de la Concepción de Nuestra Señora, con un altar en la pared y junto a él los negros otro altar con una imagen de san Antonio, con su cofradía» (Mañaricúa 1953: 10). Esta cita, inspirada posiblemente en la Relación de la ciudad de Guamanga de 1586 (Ribera 1965, I: 198-199), es muy interesante pues confirma la existencia, desde mediados del siglo XVI, de una cofradía que es muy coincidente con aquella que Guaman Poma asocia con su familia. Más aún, al precisar su vinculación con el segmento indígena agrega una evidencia más a la condición social que debió tener nuestro cronista y el conjunto de su familia. Igualmente, la mención de un altar bien puede referirse a la capilla donde fueron enterrados los familiares de Guaman Poma, como él mismo lo señala tanto en la Nueva Corónica (Guaman Poma 2001: 20 [20]) y lo deja translucir en Y no ay rremedio (Prado y Prado 1991, 2001: f. 49v). Tres o cuatro años después de fundado este convento, casi a la par que el del Cuzco, Huamanga también decide contar con un hospital para indios. Según La Relación de la ciudad de Guamanga de 1586: 93

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