En busca del orden perdido

grandes pues para muchos se nos abría la oportunidad de tomar contacto con las crónicas de los siglos XVI y XVII con un objetivo entre manos. Ya no leeríamos estos documentos solo con el afán de gozar con su lectura, sino estudiándolos críticamente para conocer sus aportes para el tema central. Convencido de haber optado por el camino más provechoso para satisfacer mis ansias por conocer la cultura incaica, un día orgullosamente le conté de mis planes a mis amigos Enrique Carrión y Armando Zubizarreta. Entrenados ambos en una de las disciplinas más rigurosas de las humanidades y de las ciencias sociales como es la lingüística, muy sutilmente, para no aminorar mi entusiasmo, me dejaron entrever que el tema no me ofrecía grandes garantías para mis propósitos y menos para aguzar una actitud muy crítica hacia las fuentes. Poco tiempo después, John Murra, uno de los más eminentes investigadores de la cultura inca, me dijo algo parecido y esto motivó una larga conversación entre nosotros sobre los temas antropológicos que me interesaban. Al revelarle yo mis intereses por las religiones comparadas, que habían sido estimulados por mi maestro Onorio Ferrero, Murra me dijo que este tema sería más plausible de investigar para el caso de los Incas, en vez de hacer biografías, cuyos resultados, a la larga, serían inverificables. Además, añadió que, siendo yo un estudioso de culturas no occidentales, más que ocuparme de generalidades, debería analizar las religiones referidas a casos concretos, y me recomendó leer Nuer Religion del célebre antropólogo británico E.E. Evans-Pritchard (1962). Sus consejos no solo terminaron por desanimarme por completo del derrotero que me había trazado con el «Grupo Incas», sino que alimentaron en mí la vocación de convertirme en antropólogo y a la postre ir a estudiar allá donde EvansPritchard impartía sus enseñanzas. Fortalecido por las enseñanzas de Zuidema y Murra, me lancé a escribir una reseña sobre Empire of the Incas de Burr Cartwright Brundage (Ossio 1963), donde critiqué su enfoque muy apegado a los cánones tradicionales de describir la historia de los incas. Y poco después la revista internacional Aportes, gracias a la mediación de Julio Ortega, me publicaría dos artículos, el primero de los cuales (Ossio 1964) versó sobre las 9

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