Una tarea mucho más complicada que la que hemos desarrollado hasta el momento es determinar la edad que tenía nuestro cronista indio al terminar su crónica en 1613. Es cierto que así como sostiene que escribir la crónica le tomó treinta o veinte años, con frecuencia también menciona que su edad es de ochenta años, aunque en la página 1096 [1106], que corresponde a la inserción más tardía, figura la palabra «ochenta y ocho» con el «ochenta» tajado y superponiéndosele el guarismo «80» y la abreviatura «nta.». Visto que estamos ante una inserción posterior a 1613, en que recurrentemente proclama tener ochenta años, es posible que esta enmienda haya sido motivada por un deseo de adecuar su edad al paso del tiempo. No obstante, dado que ella ocurre entre 1614 y 1615, si hubiera buscado ser preciso habría tenido que añadir uno o dos años a su edad y no ocho. En consecuencia, si bien esta corrección pudo tener como base aquel deseo, lo que revela es una falta de práctica —y de precisión— en contabilizar la edad de las personas por años, como todavía sucede en muchas comunidades campesinas andinas. A ello, además, habría que sumar una reiterada tendencia a asociar las edades de los individuos —así como las etapas en que divide al mundo— a cifras que encierran consideraciones simbólicas. Una muestra de ello es la asociación de determinados personajes a edades inverosímiles que llegan a sumar hasta doscientos años, como es el caso del Inca Tupa Yupanqui, de quien dice haber sido su nieto. Quizá razones de esta naturaleza son las responsables del hecho que no haya una concordancia entre su autorretrato, adyacente a la página donde superpone la cifra 80 a la palabra ochenta y ocho, y aquel otro de la página 198 [200] donde representa a un personaje, viejo y debilitado, correspondiente a la cuarta calle o de los «Rocto Macho», personas de ochenta hasta ciento cincuenta años. Esta distribución de la población fue realizada por los incas para efectos de tributación (Guaman Poma 2001: 198 [200]). Que Guaman Poma no manejara las edades de los individuos con la exactitud que lo pudieron hacer los europeos no quiere decir que fuera completamente ajeno a consideraciones realistas en este manejo de la contabilidad por años. De hecho ya hemos visto que sus afirmaciones sobre el tiempo que le tomó escribir su crónica no son tan descabelladas y, si nos remitimos a su descripción de la organización de la población por 70
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