En busca del orden perdido

La pasión por los textiles es tal en el mercedario que, en un gesto totalmente inusual entre otros cronistas, el manuscrito irlandés concluye con una esquematización pormenorizada, digna de un estudioso moderno, de la distribución de los ciento cuatro motivos de una faja que las coyas usaban para la fiesta llamada «Sara». Ante semejante afición, que curiosamente lo lleva a desempeñar cargos en pueblos especializados en esta actividad como Capachica (ubicado en el actual departamento de Puno), no es de extrañar que cuando Guaman Poma lo retrata sea precisamente en el momento en que golpea a una india que está tejiendo (véase fig. 2). Contando con estas disposiciones, debió quedar fascinado con Guaman Poma cuando lo conoció. Aunque, desgraciadamente, no poseemos mayores datos sobre las vidas de estos dos cronistas, es posible imaginar que Murúa debió quedar gratamente impresionado con el talento de Guaman Poma como quipucamayoc y como indígena versado en el castellano, en las formas comunicativas de la cultura europea y, posiblemente, en el arte de la pintura figurativa. Si no era un experto en lo último, posiblemente vio en el indígena a alguien que ya tenía este potencial y que bien podía ser adiestrado para ilustrar la obra que ya tenía en mente. De esta pasión por el arte y por las tradiciones indígenas debió nacer una cordial relación entre ambos pero que con el tiempo se fue agriando, quizá por la laxitud que mostraba el religioso en su comportamiento, como por su inconsistencia en su acercamiento al mundo indígena. Pero así como el mercedario se aprovechó de las habilidades de Guaman Poma, este último también debió obtener algunas ventajas del primero. Una de ellas, la afirmación de sus conocimientos en el arte figurativo y el estímulo necesario para hacer una obra histórica que refutase las afirmaciones del sacerdote sobre el origen de los indígenas. Con Murúa debió recibir el necesario entrenamiento para muchos de los dibujos que plasmaría en la Nueva Corónica y aquellos que ilustrarían su litigio por las tierras de Chupas con los indios de Chachapoyas. Sin embargo, quizá por falta de medios económicos o por ser más consciente que Murúa de las limitaciones gráficas de la imprenta de aquella época, no les dio el 66

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