En busca del orden perdido

ciencia, «requiere imaginación, creatividad y empatía así como observación tan precisa como la que un estudioso puede realizar. La historia, como la ciencia, ha crecido tanto intelectualmente en los últimos trescientos años en las sociedades occidentales que ya no se reconoce en su antiguo yo» (Plumb 1969: 12; la traducción es nuestra). Es con una postura de esta naturaleza que los historiadores evalúan la actitud hacia el pasado de otros como, por ejemplo, el profesor Moses Finley cuando concluye que el término «historia» —que fue inventado por los griegos— careció del significado que ahora le otorgamos. Para ellos solo tuvo el sentido amplio de enquirement («indagación») (Finley 1965: 300). De manera semejante, el profesor Plumb habla sobre «la muerte del pasado», pues aquel pasado que fue usado «para explicar el origen y el objetivo de la vida humana, santificar instituciones gubernamentales, dar validez a estructuras de clase, proporcionar ejemplo moral, vivificar su proceso cultural y educacional, interpretar el futuro, conferir un sentido de destino tanto a la vida humana individual como a la nación» (Plumb 1969: 11), ya dejó de servir a estos propósitos. «El proceso crítico ha ayudado a debilitar el pasado, que por su propia naturaleza disuelve aquellas simples y estructurales generalizaciones con las cuales nuestros antepasados interpretaban el propósito de la vida en términos históricos» (Plumb 1969: 14; la traducción es nuestra). Pero si para evaluar las ideas indígenas de Guaman Poma hacia el pasado utilizáramos solamente el primer nivel de análisis, estas aparecerían como indistinguibles de las que pudo heredar de la actitud hacia el pasado occidental que dominaba en los siglos XVI y XVII. Las crónicas españolas pertenecientes a estos siglos también participaban de la tradición que Plumb considera como moribunda, al igual que los mitos del contexto andino. Sin embargo, como señalamos anteriormente, los cronistas españoles tenían más nociones históricas en común con nosotros que con aquellas de los indígenas prehispánicos. Con nosotros compartían el mismo modo de registrar el tiempo, la misma preocupación por los hechos individuales y también aplicaron la razón para entender el pasado. Este es entonces nuestro segundo nivel y aquí el sentido que le damos al término «historia» enfatiza la preocupación por situar los eventos en el tiempo, a 43

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