Desde que Richard Pietchmann descubrió la Nueva Corónica en la Biblioteca Real de Copenhague en 1908, este manuscrito atrajo la atención de numerosos investigadores y aún más desde que el insigne antropólogo francés Paul Rivet promovió su publicación, en versión facsímilar, en 1936 a través del «Institut d’Ethnologie» de la Universidad de París. Sin embargo, desde aquel entonces, no existe ni el más mínimo intento que haya tratado de explicar el conjunto del documento en base a la ideología indígena que sus páginas podrían esconder. En realidad, se podría decir que el único análisis sistemático emprendido hasta la fecha ha sido El cronista indio Felipe Huaman Poma de Ayala, escrito por el afamado historiador peruano Raúl Porras Barrenechea (1948). Pero, desafortunadamente, no fue más allá de describir algunos rasgos externos e internos de la crónica sin vincularlos al contexto socio-cultural indígena. Esta carencia de profundidad lo llevó a juzgar a la Nueva Corónica como «pura behetría mental» lo cual, a mi modo de ver, no hace plena justicia del pensamiento de Guaman Poma cuyo único «delito» fue usar categorías de pensamiento un tanto diferentes de aquellas que Porras utilizaba. Otros intentos solo se han ocupado de temas parciales tratados en la Nueva Corónica como son la medicina (Lastres 1941), la ley (Varallanos 1943), la explotación indígena (Lavallé 1968), las cinco edades míticas (Tello 1939; Imbelloni 1944), el estilo de los dibujos (Mendizábal 1961) y, no menos, la vida de Guaman Poma (Lobsiger 1960; Padilla 1979; Baudizzone 1943). Sobre los intentos por abordar este último tema, debemos llamar la atención al hecho de que, en líneas generales, todos los que lo han intentado no han sabido aquilatar los datos que ofrece el cronista ubicándose en la perspectiva ideológica que hereda del pasado prehispánico. Habiéndonos referido a nuestro propósito, pasaremos a explicar las maneras en que hemos hecho uso del término «historia». Para empezar, diremos que hemos encontrado tres significados para este término que corresponden a tres niveles de nuestro análisis. El primero, que se refiere a nuestra actitud contemporánea hacia el pasado, es lo que nos permite abordar esta investigación. Según este nivel, «historia» alude a la disciplina que se vale de la razón para entender los hechos humanos que ocurrieron en el pasado; esto es, a un proceso intelectual que, como la 42
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