sobrevive los trastornos de la Conquista; sin duda, los nuevos elementos modifican el contenido del sistema, pero se someten a sus principios de clasificación, que los ordenan haciendo uso de las transformaciones y permutaciones internas. En este sentido, la reconstrucción de Guaman Poma, lejos de zozobrar en un caos mental, representa una síntesis elaborada según la lógica rigurosa del pensamiento salvaje. No quiere decir que este funcione al estado puro: acepta una cierta dosis de domesticación, pero la absorbe sin dejar de ser el mismo, conducido al límite extremo de sus posibilidades. Proyecta sus categorías de manera casi desmesurada, a fin de integrar los aportes exteriores, al costo de una tensión que lo lleva al borde de la ruptura. Y esta intrusión, en el interior del sistema, resulta de la temporalidad occidental. Tanto, que la síntesis de Guaman Poma parece, en efecto, estar constantemente amenazada por un estallido: es esto quizá también lo que traduce, en otro aspecto, su mesianismo patético (Wachtel 1973: 226 – 227). Paliativos a las mencionadas inconsistencias son: desglosar a Noé de las edades europeas erigiéndolo como antepasado de los huari viracocharuna; desdoblar a los incas en legítimos e idólatras; decir que si bien los segundos tuvieron esta condición, los europeos también lo fueron; y añadir que al menos los cuzqueños alcanzaron a respetar los mandamientos de Dios al cultivar la caridad a través del arraigado valor de la reciprocidad, que se beneficiaron de la visita de San Bartolomé y que llegaron a dudar de la divinidad del Sol. En realidad se trataban de paliativos no muy descabellados pues sintonizaban con los argumentos desarrollados y difundidos por algunos seguidores del padre Las Casas. Sin embargo, Guaman Poma fue mucho más allá. Difícilmente alguien imbuido de la lógica occidental hubiese podido intentar semejante conciliación entre los modelos temporales mencionados y, menos aún, hubiese podido sostener que la presencia de los europeos era innecesaria porque los indígenas eran ya eran cristianos antes de su llegada. 1 El uso de almanaques es una tradición que ha quedado profundamente arraigada en el medio rural andino. En la década que se inicia en 1970, durante mi trabajo de campo en la comunidad de Andamarca, pude notar que desde tiempo atrás estaba muy difundido el uso de un almanaque llamado Bristol. Aparte de usarlo para cumplir con sus distintas actividades del ciclo anual, les resultaba muy útil para otorgar el nombre de pila a los recién nacidos, ya que este debía corresponder con el del santo que se celebraba el día del parto. 2 Florescano sugiere que el dios asociado con el blanco es Quetzalcóatl y con el azul, Huitzilopochtli. Jacques Soustelle, a su vez, nos dice que el Tezcatlipoca rojo es también conocido como como Xipe-Toltec, dios del Este; el segundo es el dios negro del Norte, de la noche, del frío, del cielo nocturno; el tercero, Quetzalcóatl, la «serpiente 320
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