En busca del orden perdido

la de los incas. Diagramando estas oposiciones la estructura de las edades quedaría como sigue: Cuadro 13. La organización temporal Hanan Urin Hanan Aucaruna Purunruna Inca runa Urin Huariruna Huari Viracocharuna Vistas las edades desde esta perspectiva no parecen ser muy diferentes a las mexicanas, aunque una imagen de ciclos cerrados es más pronunciada en estas últimas. Esto es explicable porque su esencia era estar al servicio de una concepción cosmológica del universo donde se destacaba la naturaleza finita de cada ciclo y muy en especial del último que contenía a la población viviente. Como lo han notado muchos investigadores, inmerso en esta concepción se hallaba el calendario, los distintos rituales que se organizaban a su alrededor y, muy especialmente, los sacrificios humanos cuyo volumen alcanzado no tiene parangón con el de otras sociedades americanas. Mantener al sol en movimiento, dilatando el fin que eventualmente llegaría, suponía ofrecerle corazones palpitantes de seres humanos algunas veces en grandes cantidades y con cierta regularidad. En los Andes no hay noticias de nada semejante aunque, como hemos visto, también se temía el advenimiento de cataclismos conocidos como pachacuti. Aun en nuestros días, al igual que las descripciones que aparecen en la crónicas del siglo XVI y XVII, cuando hay eclipses, sean solares o lunares, los campesinos de muchas de nuestras comunidades andinas más tradicionales entran en pánico y hacen todo tipo de ruidos para evitar que estos astros, vistos como complementarios e iluminadores de la noche y el día, desaparezcan para siempre. La iconografía de la cultura mochica, al igual que algunas crónicas como la del padre Francisco de Ávila, que se basa en relatos orales recogidos en la provincia de Huarochirí, también nos da testimonios de creencias asociadas con el fin de los tiempos muy semejantes a otras consignadas en el Popol Vuh donde aparecen objetos (como armas) rebelándose contra los seres humanos 317

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