de Manco Capac y Mama Ocllo, que nos refiere el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales. Pero no solo los incas tuvieron su lado llacuaz, también los españoles a quienes nuestro autor indígena trata de mitimas en los territorios andinos y, por lo tanto, como propietarios ilegítimos, según pudimos observar en el capítulo anterior (véase p. 208). Solo los indios que ostentaban el término huari, por descender de las primeras edades, podían ser reconocidos como legítimos propietarios pero, además, como cristianos, ya que descendían de Noé y adoraban al Creador. 3.2. El modelo cosmológico Si bien es comprensible que las primeras edades se identificaran con esta noción, ¿por qué la tercera se nombra como purun y la cuarta como auca? A mi modo de ver, así como las dos primeras edades se unen teniendo en común el término huari y presentan a sus habitantes en estado de naturaleza, las dos siguientes también se emparejan pues los términos que ostentan también encierran connotaciones semejantes y sus habitantes tienen en común el participar de un estadio pleno de cultura. La nota común de los términos para la tercera y la cuarta edad es que ambos aluden a una condición de caos cósmico previa a una edad subsiguiente donde reina el orden pleno. La idea generalizada que aparece en la documentación histórica es que este orden pleno se alcanzó con la presencia de un principio ordenador como fue el Inca, mientras que antes los pueblos del Ande vivieron en behetría. En quechua, a los pobladores que se encontraban en este estado algunas veces los llamaron purun runa y otras aucaruna. El término purun posee, en quechua como en aimara, la connotación de espacio deshabitado, de tierra sin cultivar, o de salvaje. En los documentos de Francisco de Ávila (1999: 41) y de Juan de Santa Cruz Pachacuti (1993: 187), en cambio, el contenido que le dan es coincidente con el que Guaman Poma otorga a aucaruna. Es decir, aluden a una época temprana del mundo, cuyos habitantes vivían en luchas continuas. Ludovico Bertonio, por su parte, se refiere con este término a un tiempo antiguo cuando todavía no existía el sol, ni muchas de las cosas actuales. La idea de ausencia del sol también está presente en la obra de Santa Cruz 314
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