AVCA RVNA: De este quarto edad de yndios llamado Auca Pacha Runa, dezendiente de Noé y de su multiplico de Uari Uira Cocha Runa y de Uari Runa y de Puron Runa (Guaman Poma 2001: 64 [64]). Tal es la asociación de estas edades con un modelo genealógico que — como lo ha hecho notar Rita Fink (2007: 44-51)— un largo listado de antepasados de Guaman Poma que figuran en la cuarta edad aparecen divididos secuencialmente supuestamente según estos ciclos. Así, antepasados tales como un tal Runto, Ynti Guaman y Ticze Viracocha Inca aparecen solo con el término Uiracocha. A continuación, Carua Poma, Yllapa Poma y Ticze, aparecen vinculados a Uari Uiracocha; Condor, Nina y Cuci Poma con Uari. Luego sigue una sucesión de unos treinta nombres entre los que Rita Fink distingue a una línea genealógica de Pomas y otra de Guamanes que podrían estar vinculados con las edades de Purun y Auca. Finalmente, son mencionados aquellos personajes (véase p. 145) que más adelante en la crónica aparecen representando a quipucamayocs que claramente corresponden a la edad de los incas. Resuelto el requerimiento secuencial de las edades a partir del modelo genealógico, Guaman Poma quedará en la capacidad de restar valor a la principal justificación de la Conquista de América que era la evangelización o cristianización de los indios. Pero el aporte de este modelo no se detendrá aquí. Apoyado en la linealidad temporal que lo sustenta, presentará a las poblaciones de cada ciclo siguiendo una secuencia evolutiva bastante análoga a la que se difundió a partir del siglo XIX, pero que no está ausente en la concepción del ciclo de desarrollo de los individuos en muchas culturas o en imágenes concéntricas del espacio. Dicha secuencia es una que parte de una condición asocial o de estado natural y progresivamente continúa a una de mayor socialización. A nivel espacial, una muestra palpable de ello son los mitos de origen, como el de los Hermanos Ayar, o los rituales de recreación del orden social, como las fiestas con relación a la limpieza de las acequias, donde la integración de un conjunto social se alcanza a través de un proceso que se inicia en la periferia y paulatinamente avanza hacia el centro que se constituye en símbolo de la unidad de un cuerpo social (Ossio 2001). Otros ejemplos, pero que invierten el recorrido de los anteriores, son algunos rituales de purificación como el de la Situa (Molina 1959: 44-62), que se 304
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