por más de dos años descubriendo la vigencia que tenía un sistema social que favorecía las relaciones de parentesco y donde las antiguas dicotomías de hanan (alto) y urin (bajo), o aquellas equivalentes a huari (locales) y llacuaz (forasteros), todavía seguían ordenando el tiempo, el espacio y las relaciones sociales. Cabana, que era su colindante, y que en el pasado había sido su comunidad madre, me reiteró los descubrimientos que hice. Y lo mismo ha sucedido en Pachaqlla, Andabamba, Mullaca, Ñahuin, Pazos en Huancavelica; o Sarhua y Alccamencca en Ayacucho; o Conchucos en Ancash y muchas otras comunidades más que a lo largo de mi vida como antropólogo he visitado. Bajo la guía de este maestro que vivió en el pasado, a la par de ir desentrañando la vigencia de principios que sustentaban el ordenamiento social de las comunidades lucaninas que comenzaba a estudiar, descubrí la continuidad e importancia del mesianismo en los Andes. Este descubrimiento lo traduje en una compilación de artículos que, gracias al apoyo intelectual, afectivo y editorial de Ignacio Prado Pastor, salió publicado con el título de Ideología Mesiánica del Mundo Andino (1973a). Como señalé en el prólogo, mis propósitos al acometer esta empresa fueron múltiples. Por un lado, mostrar los ingredientes estructurales que en los Andes daban lugar a este fenómeno religioso; asimismo, destacar la continuidad de estos ingredientes a lo largo del tiempo y del espacio; y, finalmente, ofrecer una explicación alterna a las de corte materialista y reduccionista - que por lo general se daban en relación a este fenómeno religioso que, si bien no es universal, tiende a desarrollarse en determinadas culturas y circunstancias históricas. En otras palabras, no creía que la opresión traída por los colonizadores, ni la presencia del cristianismo bastaban para explicar la emergencia de este fenómeno religioso en los Andes. Sin descartar que la Colonia podía haber despertado sentimientos de deprivación relativa (relative deprivation), que podían avivarse o atemperarse dependiendo de ciertos momentos históricos, mi punto de vista era que más allá existía algo en la cultura de los vencidos que explicaba su malestar y para el cual tenían una respuesta que le era proporcional. Dar con ese algo suponía asumir la perspectiva de los 30
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