En busca del orden perdido

secuencia de batallas y sacrificios que define la historia del universo. El tiempo humano, así como está medido en los calendarios, continuamente repite las formas y modelos del tiempo cósmico, así como está relatado en los mitos» (Elsey 1976: 125-126; la traducción es nuestra). 3. Simultaneidad de las visiones cíclicas y lineales en los Andes 3.1. Las edades andinas y el modelo genealógico Ya hemos visto en el capítulo anterior que varios autores, aunque tardíos, nos dicen que también en los Andes, desde la creación del cosmos, se sucedieron distintas humanidades conformando ciclos temporales de una duración simbólica que se agrupaban en una estructura quinaria. Posiblemente, a imitación de los mesoamericanos, el nombre que se les da es «soles» aunque, como es el caso de Guaman Poma, también el de «edades». No obstante, ni en el quechua ni en el aimara encontramos un término equivalente para denominar a estos ciclos. Por consiguiente, en ningún vocabulario o en ninguna crónica veremos que se nos hable de pichqa inticuna o que cada ciclo tenga como un común denominador la palabra Inti, como ocurre en México con el término nahuatl tonathiu. En vez de un término de esta naturaleza, vemos más bien figurar en las edades que nos da Guaman Poma, Fray Buenaventura de Salinas y Córdova y en unos cuadros donde aparecen retratados todos los Incas — que comienzan a difundirse a partir del Siglo XVIII—5 aquel de runa que alude a las personas que vivieron en cada ciclo (véase figura 4). Otro término vinculado a estos ciclos que denota el momento terminal e inaugural de cada cual es pachacuti que, como vimos en el capítulo anterior, fue objeto de un exhaustivo análisis por el célebre etnólogo argentino José Imbelloni. Como tuve oportunidad de señalar hace algunos años en un artículo que publiqué en la Revista de la Universidad Católica del Perú (Ossio 1977b: 50-51), las edades que nos describe Guaman Poma se desenvuelven en dos planos: uno de corte cosmológico que está emparentado con la existencia de ciclos temporales con duraciones definidas que dan cuenta del desarrollo de diferentes humanidades; y otro de naturaleza genealógica que lo lleva a caracterizar a cada uno de estos ciclos como individuos que se suceden unos a otros. Esto mismo ocurre con las edades mencionadas en 295

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