prevalecer la legitimidad de los indígenas y la búsqueda de un porvenir más venturoso para sus congéneres. Ya hemos visto cómo, confrontado con la necesidad de dar cuenta de la configuración del nuevo ámbito espacial mundial en el que inserta al mundo andino, Guaman Poma no tuvo mejor alternativa que usar los antiguos esquemas clasificatorios enraizados en una antiquísima tradición. No pudiendo desligarse de las plantillas preexistentes con que se representaba (y se sigue representando) (Ossio 1992b) la unidad de un conjunto espacial y social, enmarcó el contraste entre España y las Indias bajo aquel dualismo de opuestos complementarios que frecuentemente se expresó en las nociones quechuas de hanan (alto) y urin (bajo). Componente un poco más complejo de este principio clasificatorio fue la organización en cuatro que con gran elocuencia mostró la ciudad del Cuzco y el conjunto territorial dominado por los Incas llamado «Tahuantinsuyu». Un poco más aún lo fue el modelo quinario que, para destacar la unicidad de este conjunto, añadió la presencia de un centro ordenador o equilibrador que adquiría cualidades metafísicas erigiéndose por encima de las contingencias históricas. Espacialmente este centro fue la ciudad del Cuzco, pero el principio que le daba ese rango a la mencionada ciudad era el Inca que, más allá de ser un Monarca Divino, aparecía como el sustentador del orden. Siendo el tiempo homólogo al espacio al punto de designarse ambos con un mismo término quechua como es pacha, por qué se hace tan difícil aceptar que compartiesen los mismos criterios clasificatorios y que, por lo tanto, pudiese existir una manera dual, otra cuaternaria, una quinaria y quizá otras más de organizar el tiempo en la época prehispánica. 2. Una visión comparativa. El caso de Mesoamérica Dividir el desarrollo de la humanidad en edades que encapsulan el tiempo no es una prerrogativa de Occidente como heredero de la tradición cristiana. En culturas gestadas al margen de esta tradición también se observa esta tendencia, aunque las premisas que las organizan sean diferentes. Entre las expresiones más estudiadas están aquellas de los griegos que aparecen consignadas en Los trabajos y los días de Hesíodo (Vernant 1973: cap. 1). Asimismo los yuga de la tradición hindú. En el 285
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