En busca del orden perdido

fuera muy rrico rreyno y estubiera rrico vuestra Magestad, más rrico que todos los rreys (Guaman Poma 2001: 964 [982]). Sea por la vía mesiánica o por aquel pragmatismo que busca la grandeza de la Corona española, que Rolena Adorno llama «arbitrio» (Adorno 2002: 4.8.1), la preocupación final de nuestro cronista es buscar el bienestar de los indígenas. Que el mesianismo no está reñido con lo pragmático, lo he entendido mejor estudiando en los últimos tiempos a los Israelitas del Nuevo Pacto Universal, liderados por un personaje oriundo de las comunidades altas de Arequipa, quechuahablante, llamado Ezequiel Ataucusi Gamonal. Así como Guaman Poma se presentaba como el descendiente de la Segunda Persona del Inca, de aquel que había ostentado la corona más alta de los cuatro reyes de los suyus, así también el líder de este movimiento se decía encarnar al Espíritu Santo, ser un nuevo Cristo en la tierra, que portaba los instrumentos para salvar al mundo de un inminente cataclismo que ocurriría en una fecha señalada. Entre estos últimos, proponía volver a los Diez Mandamientos que la Santísima Trinidad le había revelado y modelar sus vidas de acuerdo a las pautas del Antiguo Testamento. Fiel a estos dictados, los seguidores no se cortan el pelo ni la barba y en contextos rituales lucen vestimentas como las del tiempo de los antiguos hebreos. Su meta final es esperar el cataclismo en la selva y como una avanzada para ello han fundado distintas colonias. Ellas se modelan de acuerdo a cánones utópicos que combinan patrones de vida bíblicos, que conjugan con las prácticas sociales andinas inspiradas en la organización por ayllus y en las relaciones de reciprocidad. Allí, la propiedad de la tierra es comunal y su economía se basa en el agro regido por un sistema cooperativista que redistribuye las ganancias en distintos niveles. Los logros alcanzados por este sistema han sido muy altos llegando a paliar la extrema pobreza de muchos de los que forman parte de esta organización. ¿Cómo lo han hecho? Obviamente con una buena dosis de pragmatismo y un alto grado de solidaridad que en un determinado momento los llevaron a pensar que su líder podía ser presidente del Perú. Y lo trató, fundando incluso un partido político que se llamó el FREPAP. Naturalmente, la salvación frente al cataclismo no era lo único que podía ofertar a sus potenciales electores, aunque esta era la meta que lo movía para lanzarse de candidato. Siendo un movimiento de raigambre rural 28

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