provincias, consultasen a sus familiares demonios, particularmente al gran Pachacámac y al diablo Rímac, que daba respuestas a lo que le preguntaban, que supiesen de él lo que de bien o de mal pronosticaban aquellas cosas tan nuevas que en la mar y en los demás elementos se habían visto. De Rimac y de las otras partes le trajeron respuestas oscuras y confusas, que ni dejaban de prometer algún bien ni dejaban de amenazar mucho mal; y los más de los hechiceros daban malos agüeros con que todo el Imperio estaba temeroso de alguna grande adversidad; mas como en los primeros tres o cuatro años no hubiese alguna de las que temían, volvieron a su antigua quietud, y en ella vivieron algunos años, hasta la muerte de Huaina Cápac (Garcilaso 1976: 236-237, lib. IX, cap. XIV). Volviendo a las cifras simbólicas y milenaristas que Guaman Poma da para el cierre de la quinta edad, el que dé 1.500 años y no 1.000 o 500 años como aparecen en Montesinos o en Vásquez de Espinosa es explicable por lo que venimos diciendo acerca de su tendencia a moverse bajo dos sistemas de conceptuar el tiempo muy diferentes que trata de reconciliar. Por un lado está uno de corte simbólico que encapsula el tiempo en duraciones predeterminadas para realzar algunos acontecimientos de gran significación y, por otro, aquel de corte lineal que es parte de la época donde vive y que se le impone como un hecho dado en el acontecer cotidiano. Debido a ello se permite desconectar la natural continuidad que puede existir entre una edad y la siguiente y representar las cinco edades del mundo indígena como una unidad con respecto a la Conquista, también a las cuatro primeras edades como una unidad con respecto a la quinta19 y a su mismo presente colonial como dentro de una quinta edad. Esta última afirmación resulta obvia del hecho de que su presente (1613) es incluido dentro de la duración global de las cinco edades. En cuanto a lo anterior, los argumentos para probar que las cuatro primeras edades conforman una unidad con respecto de la quinta son numerosos, pero sin entrar en mayores detalles esto se puede demostrar de la descomposición que el mismo Guaman Poma hace de la cifra global de las cinco edades. Así, a las cuatro primeras edades les otorga una duración de 5.000. Esto se desprende, por un lado, de la suma total de las duraciones de cada una de estas edades (véase cuadro 8) pero que por ser disparejas, como dijimos anteriormente, no dan una cifra resultante redonda (dan 5.300 años). Pero la prueba de que, en realidad, en este caso él pensaba en una cifra redonda se descubre cuando hace coincidir la quinta edad del mundo cristiano, que 264
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx