Este ideal endogámico subyace a toda la política inca como puede verse a través del sentido de la prohibición a los grupos locales —que muchos cronistas mencionan— de casarse con mujeres foráneas e inclusive de movilizarse fuera de sus localidades. Estas prohibiciones aparecen como tales del hecho que los incas sancionan un orden preexistente que ellos tratan de incorporar y mantener. Según John V. Murra y otros investigadores contemporáneos, los mecanismos de reciprocidad que operan a nivel de la comunidad son proyectados en escala más grande a todo el Tahuantinsuyu, pero a la par el Inca tiene que preservar la estructura local de las comunidades para hacer posible tal proyección que a su vez permite mantener el flujo constante de productos a través de los territorios conquistados. Así, y como muy bien nos dice Nathan Wachtel, esta prohibición se comprende porque el «tributo pesa colectivamente sobre cada ayllu, se colecta bajo la vigilancia de los Curacas, y por lo tanto supone la estabilidad de la población tributaria. De allí se deduce un notable proceso dialéctico: el tributo permite hasta cierto punto la circulación de bienes a través del imperio, pero al mismo tiempo, refuerza la inmovilidad social» (Wachtel 1971a: 119-120). Este orden social fue concebido como estático en tanto que era visto como parte de un orden universal en el cual el hombre y la naturaleza estaban integrados desde la eternidad. Las categorías duales de hanan y urin se aplicaron por igual tanto para definir la organización de este universo como también para definir las relaciones entre los individuos. El único ser que Guaman Poma considera como capaz de trascender esta oposición y de reconciliar ambos principios antagónicos es el Inca que en el contexto de la Colonia aparece como Rey de España. 2. El Principio Unificador: El Inca y el Rey de España 2.1. La Conquista como Pachacuti Hasta el momento hemos visto que la imagen que Guaman Poma tiene del desorden de su mundo es dada principalmente por la fusión de los principios de hanan y urin. El orden solo se restauraría manteniendo a ambos principios separados. Es decir, a los españoles separados de los indios para permitir a estos últimos retornar a sus posiciones pasadas alteradas por la Conquista. Estas posiciones eran la propiedad de los 254
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