En busca del orden perdido

territorios andinos y sus rangos respectivos dentro del orden jerárquico inmutable. El término que en el habla quechua definía la idea de que el mundo estaba al revés era pachacuti. El análisis más detenido acerca del significado de este término ha sido dado por José lmbelloni en su Pachacutek IX o el lnkario Crítico (Imbelloni 1946) donde, luego de un estudio cuidadoso de los diferentes contextos en los que aparece el término, concluye que básicamente se refería a un «cataclismo cósmico» y que se usaba para designar el tránsito de una edad a la otra dentro de un esquema temporal de cinco edades míticas. Etimológicamente, este término significa «el mundo se transforma» (pacha = mundo y cuti = se transforma) y en los vocabularios y gramáticas de la lengua quechua generalmente es traducido como «fin del mundo». En el dialecto aimara también es conocido este término y Ludovico Bertonio lo define «como tiempo de guerra»15 y, además, nos dice que «actualmente lo usan los indígenas para referirse al Juicio Final» (Bertonio 1956: 242). Además de esta idea de fin o de destrucción, este término también conlleva la idea de renovación, como sostiene Imbelloni basándose principalmente en los cronistas Cabello Valboa, Murúa, Cobo y Gutiérrez de Santa Clara (lmbelloni 1946: 87). Esta idea de renovación estaba relacionada a una concepción cíclica del tiempo que ordenaba al pasado en cuatro edades inmutables, cada cual destruida por un cataclismo, mientras el presente se incluía en una quinta edad que también desaparecería. Así, Murúa en el manuscrito del Duque de Wellington cuenta que los indios que asistían al templo de Mama Ocllo decían: unos quentos y fabulosas (cosas) notables, que desde la creación del mundo hasta este tiempo hauian pasado quatro soles sin este que al presente nos alumbra. El primero se perdió por agua, el segundo cayendo el cielo sobre la tierra y que entonces mató a los gigantes que había y que los huesos que los españoles an hallado cabando en diferentes partes son dellos ... El terzer sol dizen que faltó por fuego. El quarto que por ayre; deste quinto sol tenían gran cuenta y lo tenían pintado y señalado en el templo de Curicancha y puesto en sus quipos hasta el año de 1554 (Murúa 1962, I: 69).16 La creencia andina en cinco edades es también confirmada por otros cronistas como el mismo Guaman Poma, Blas Valera, Fernando de 255

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