Según el Diccionario crítico etimológico de la Lengua Castellana de Corominas, el término «crónica» está tomado del latín chronica o chronicorum que significa «libros de cronología». «Por otra parte estuvo muy extendida la variante coronica... favorecida por la etimología popular, pues las crónicas solían tratar de los hechos de personajes coronados, pero su punto de arranque pudo ser fonético en castellano mismo» (Corominas 1954, I: 1949). La edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de 1956 define «crónica» como «Historia en que se observa el orden de los tiempos» (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española 1956: 355). 4 Walter Mignolo nos dice que «Historia, se recuerda y se repite en los tratados de los siglos XVI y XVII, trae su origen en la voz griega Isorein que que suena como ver, como si el que narra hubiera visto y sido testigo ocular de lo que narra» (L.Vives, De rationali dicendi, 1532). El vocablo istoreo, derivado de isorein, significa al menos dos cosas: ver o recibir información de testigos oculares y el informe verbal correspondiente a la información recibida. Historia, en su versión latina, no lleva implícito en sus orígenes el elemento temporal y es por eso que, en la antigüedad clásica, se escriben historias de los animales, de las plantas y de la naturaleza (Mignolo 1981: 361). 5 Porras en su clasificación cronológica de los cronistas peruanos divide los primeros cronistas de tres maneras: cronistas del Descubrimiento (1524-1532), cronistas de la Conquista (1532-1537) y cronistas de las Guerras Civiles (1538-1550). Solo después de establecer esta ordenación comenzó a clasificar a los cronistas que trataban sobre los incas. Así, esta misma clasificación progresiva refleja muy precisamente el desarrollo de la crónica y su estrecha relación con los acontecimientos sociales principales y, en especial, destaca el momento en que el pasado indígena comenzó a ser de incumbencia para los historiadores españoles (Porras Barrenechea 1962: 19). 6 No obstante, algunos intentos fueron llevados a cabo por Francisco Pizarro para comprender la realidad indígena y con el fin de distribuir las encomiendas. 7 El oficio de Cronista Mayor estuvo adherido al Consejo de Indias y su tarea era escribir una historia completa de las Indias incluyendo en sus relatos acontecimientos de los españoles y de los indios (Carbia 1934). 8 Esto saca a la luz muy claramente uno de los motivos claves para las investigaciones históricas sobre el pasado prehispánico. Este consistía en la necesidad de demostrar que los gobernantes Incas, como «tiranos», mantenían una posición frente a sus súbditos que no estaba justificada. 9 En una nota al pie de página, Lohmann Villena comenta que este concepto de «tirano» está tomado de la doctrina clásica reflejada en la Ética de Aristóteles y que aparece ya definido en las Partidas (Matienzo 1967: 7, nota 2). 10 En otra nota, Lohmann Villena también señala que este argumento sobre el gobierno del «tirano» para su propio provecho está en La Reeleccion De Iure Belli del padre Vitoria (Matienzo 1967: 7, nota 3). 11 Esta actitud puede verse muy claramente en la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias en que se dan las leyes siguientes: «Ley Primera. Don Felipe II y la princesa gobernadora en Valladolid a 26 de febrero de 1557. Que las Audiencias oigan en justicia a los indios sobre los cacicazgos. Algunos 230
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