En busca del orden perdido

Así, a lo largo de la Nueva Corónica, Guaman Poma sostendrá que el mundo indígena estuvo dividido en cinco edades cuyos nombres fueron: Huari Viracocha Runa, Huari Runa, Purun Runa, Auca Runa e Inca Runa; y que los indígenas que descendieron de las edades anteriores a la quinta eran legítimos, mientras que los de la quinta —aquella de los Incas—, ilegítimos. Eran legítimos los primeros porque tuvieron una «sombrilla» del conocimiento de Dios y porque descendieron de Adán y Eva, y de Noé (que según él representaban las dos primeras edades del mundo cristiano); mientras que los segundos fueron ilegítimos por ser idólatras y de origen desconocido o «tiranos». Como evidencia de la legitimidad de los primeros cita que adoraron a Ticze Caylla Viracocha, quien es asimilado al Dios cristiano, y que descendieron de Adán y Eva, y de Noé. Estos dos criterios los confirma nuestro cronista indio en el nombre «Viracocha» que ostenta la primera edad y que en la época en que escribe era usado como sinónimo de un Dios Creador Andino cristianizado y español (con respecto a esto último debemos señalar que Guaman Poma considera a Adán y Eva, y a Noé, como españoles) (Guaman Poma 2002: 49 [49] y Ossio 1973b: 168). Como evidencia de la ilegitimidad de los segundos, cita que Manco Capac fue de la dinastía de los Amaru o serpiente (que Guaman Poma identifica con el demonio), que fue hijo de Mama Uaco (de quien dice que fue hechicera) y que no tuvo padre ni pueblo conocido (recordemos que uno de los propósitos de Vaca de Castro en sus indagaciones sobre el pasado indígena es averiguar el origen de los incas para ver si tenían derecho a gobernar). De esta reinterpretación del pasado indígena, de acuerdo a la conflagración de dos ideologías distintas, el argumento principal de Guaman Poma para defender a los indígenas que le eran contemporáneos será decir que estos descendieron de las cinco edades indígenas, a pesar del hecho que la edad de los incas idólatras se interpone entre su presente y las cuatro primeras edades de indios legítimos. Es precisamente este hecho el que, en última instancia, nos revela que todo su razonamiento para defender al mundo indígena descansó sobre una concepción discontinua del tiempo o pars pro toto que, según Ernst Cassirer, es característica del mito (Cassirer 1965: 75), y que fue ajena a los cronistas españoles del siglo XVI. 227

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