En busca del orden perdido

[1091]). Su familiaridad con la literatura relevante de la época es también evidente en su carta al Rey (que se incluye al principio de la crónica), donde explica que ha escrito y debojado de mi mano y engenio para la variedad de ellas y de las pinturas y la enbición y dibuxo a que a vuestra majestad es inclinado haga fazil aquel peso y molestia de una lectura falta de enbición y de aquel ornamento y polido ystilo que en las grandes engeniosos se hallan (Guaman Poma 2001: 10 [10]). La inclusión de las pautas historiográficas occidentales en la crónica de Guaman Poma es evidente a lo largo de ella, como cuando reconoce que la crónica hará inmortales los nombres de los antiguos señores del Perú (Guaman Poma 2001: 7 [7]); o cuando dice que su crónica se basa en indagaciones que ha conducido entre los testigos oculares más ancianos de los cuatro suyus, cuyas versiones las reduce a la «común opinión» (Guaman Poma 2001: 8 [8], 10 [10]); o cuando usa los esquemas cronológicos de la tradición cristiana, tales como la división del mundo en edades (Guaman Poma 2001: 22 [22])16 y el uso de los años para registrar los acontecimientos; y no menos por el uso del contenido ejemplar y moralizante de las crónicas occidentales. Además de incorporar estas pautas historiográficas, la Nueva Corónica nos revela también la actitud utilitaria hacia el pasado, característica del régimen colonial. Ya hemos visto su filiación con los manuales religiosos de la época cuyo objetivo era contribuir al proceso de evangelización. En el plano secular, al igual que otros manuales administrativos de la época, la crónica de Guaman Poma pretendió proveer información útil para la redacción de las «residencias» (que eran los informes finales de los administradores coloniales cuando dejaban sus cargos), y también como un marco informativo apropiado para las Visitas Generales. Además, es importante señalar que en el plano ideológico Guaman Poma también se hizo eco de los argumentos utilizados por los administradores coloniales para justificar su presencia en los territorios andinos. Así, sobre premisas tanto seculares como religiosas, se atreve a poner en duda la legitimidad de los gobernantes Incas, cuando sostiene que fueron ellos quienes introdujeron la idolatría en el Perú; o cuando niega que Manco Capac pudo haber sido hijo del Sol, porque el Sol estaba tan alto (trece grados en lo alto del cielo) que no pudo haber engendrado tal 222

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