En busca del orden perdido

Eran momentos en que la administración colonial estaba ya firmemente establecida y la vida indígena había sido sumamente afectada, especialmente después de las leyes ordenadas por el virrey Toledo dirigidas a reorganizar todo el mundo indígena, para acelerar el proceso de cristianización y mantener la mano de obra indígena bajo un control más efectivo. El método adoptado para alcanzar estos propósitos fue la creación de las «reducciones», donde se obligaba a vivir a los indios más concentradamente que en la antigüedad. La dispersión promovida por los antiguos patrones residenciales era vista como un obstáculo para que sacerdotes y administradores mantuviesen un contacto más estrecho con los indios. Un poco antes de la introducción de este reordenamiento residencial emergerán los «corregidores de Indios» (creados en 1565) y los sacerdotes como intermediarios europeos de gran importancia entre el mundo indígena y el colonial. Los curacas, por su lado, continuaron como intermediarios indígenas entre ambos mundos, pero junto con estos fueron introducidos algunos cargos de origen europeo entre los indígenas. Algunos de estos cargos fueron el de «alcalde mayor», «regidor», «alguacil», «escribano», «sacristán» y el oficio de «administrador» que Guaman Poma se arrogaba para sí. Pero este contacto estrecho entre los sacerdotes y la población indígena fue posible no solo por su proximidad física a ellos, sino también por el conocimiento que estos tuvieron del lenguaje indígena, siendo visto esto último como el medio principal de realizar una evangelización eficiente. El uso de intérpretes, que había sido el instrumento más popular durante los primeros estadios del período colonial, fue dejado de lado por poco confiable y ya en 1567, cuando tuvo lugar el Segundo Concilio Limense, la enseñanza de la lengua quechua (que fue la más conocida entre los indios) se recomendó como un prerrequisito obligatorio para todo sacerdote misionero (Armas Medina 1953: 93). La necesidad de obrar por medio de la lengua quechua se apreció desde las primeras etapas de la Conquista y se hicieron algunos intentos de inculcársela a los sacerdotes. Con este fin se creó la primera cátedra de lengua quechua en 1551, en la Catedral de Lima (Porras 1963: 28) y apareció la primera Gramática Quechua y el primer Vocabulario, en 1560, bajo la firma de Fray Domingo de Santo Tomás. 218

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