En busca del orden perdido

los indios tenían que ser sacados de su estado de ignorancia, tenían que ser liberados de las garras del demonio que se ocultaba tras sus ídolos, ceremonias y otras prácticas. Para esto la única cura radical que los españoles concibieron fue reemplazar tales prácticas del demonio con el cristianismo. Para alcanzar este cometido se dio gran importancia al conocimiento de las antiguas creencias indígenas y se encomendó esta tarea al sacerdote. El propósito era proveer al sacerdote con un conocimiento necesario de las creencias indígenas para facilitar la búsqueda y extirpación de las mismas. Este propósito se muestra claramente en la Instrucción para descubrir todas las guacas del Piru y sus camayos y haziendas de Cristóbal de Albornoz (Albornoz 1967: 739) y en los Ritos y fábulas de los Incas de Cristóbal de Molina (el cuzqueño), donde se finaliza con estas palabras: En esta tierra hay diferentes naciones y provincias de indios, que cada una de ellas tenía por sí ritos, actos y ceremonias, antes que los Incas los sujetasen; y los Incas quitaron en las dichas provincias algunos de los cultos que tenían y dieron culto de nuevo; y no es menos cosa conveniente saber los cultos y ceremonias que en cada provincia de por sí tenían los Incas, que son los que aquí van escritos, para poderlos disipar y desarraigar de sus idolatrias y desventuras (Molina 1943: 84). Para los españoles que se establecieron en el Perú durante el siglo XVI, el conocimiento del pasado indígena tuvo una doble función: sirvió al interés privado de los conquistadores y sus descendientes (que hicieron uso de él para rastrear y validar sus posiciones en el orden jerárquico), y sirvió al interés público de los administradores que estaban tratando de validar los derechos de la comunidad española para mantener sus territorios, buscando un conocimiento suficiente para apoderarse de la energía indígena y administrar su colonia. El pasado en el territorio peruano, para los españoles, tuvo, por lo tanto, una doble dimensión: por un lado el pasado inmediato de la Conquista y por otro lado, el pasado remoto que correspondía a la totalidad del pasado indígena. 2.3. El pasado como objeto de estudio Ahora bien, ¿cuál fue la aproximación metodológica de los españoles hacia el pasado? A la par de otorgársele un valor ejemplar o pragmático al pasado, también comenzó a considerársele, además, como un objeto de estudio, que significa, como diría Collingwood, que la historia era 214

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