ser manipulada para acomodarse a los propósitos de los administradores. Así, los Incas fueron descritos como muy benévolos, bondadosos con sus vasallos y constructores de monumentos magníficos, pero también muy frecuentemente como tiranos, entregados al vicio o como grandes opresores, de lo cual eran testigos mudos sus monumentos. Fueron sacerdotes, seguidores del padre Las Casas, y muy en especial el Inca Garcilaso de la Vega, quienes principalmente sostuvieron lo primero, mientras que, por otro lado, fueron principalmente administradores coloniales y, muy especialmente, los seguidores del virrey Toledo, quienes sostuvieron lo segundo. Pero este interés por el pasado indígena, además de cumplir con el deber moral de salvaguardar la conciencia del Rey de España, tuvo también una función práctica, que tomó en consideración estos aspectos morales pero que, sin embargo, se distinguió de ellos. Este aspecto práctico surgió de la necesidad de administrar y aprovechar la energía humana de un mundo completamente distinto cuya estructura social se hundía profundamente en el pasado prehispánico. Sin información sobre el pasado, ¿cómo hubieran podido reclutar la fuerza de trabajo indispensable para el mantenimiento del sistema colonial?, ¿cómo podían esperar entender e intervenir en los asuntos domésticos de los indios?, ¿de qué otra manera hubieran podido deslindar los derechos de los indios sobre algunas parcelas de tierra o sobre algún título o sobre la jurisdicción de los líderes nativos?, ¿cómo habrían podido los líderes nativos, intermediarios indígenas entre los dos mundos, mantener su autoridad? El gran número de litigios que llegaron a las Audiencias y aun al Consejo de Indias, constituye un testimonio de las oportunidades que le fueron abiertas al nuevo régimen para intervenir en sus asuntos. Y las diferentes «Instrucciones» dadas a los administradores coloniales para indagar sobre las reglas de sucesión, o de herencia, o sobre los derechos para ostentar un cargo, o una parcela de tierra, revelan nuevamente este lado práctico de su preocupación por el pasado indígena.11 Pero hubo, por supuesto, otro aspecto de su interés en el pasado indígena que surgió de su misión evangelizadora, la cual fue su justificación principal para ocupar el territorio peruano. Según los clérigos españoles, 213
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