En busca del orden perdido

virreyes como don Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete (1556-1560); don Francisco de Toledo, quien implantó las «reducciones indígenas» (15691581); y don Martín Enríquez (1581-1583), pusiesen tanto énfasis en el conocimiento del pasado incaico, mandando hacer «visitas» a distintos repartimientos y levantando gran número de «Informaciones». Este interés pragmático en el pasado incaico permeó la historiografía indigenista que comenzaba a desarrollarse. Esto se evidencia claramente en el hecho que fue la Visita de La Gasca la que inspiró en gran medida la segunda parte (El señorio de los ingas Yupanquis) de la crónica de Pedro Cieza de León; que fueron las Informaciones levantadas por Vaca de Castro y luego seguidas por el Marqués de Cañete, las que inspiraron en gran parte la Suma y Narración de los Incas de Juan Diez de Betanzos; y por último, que fueron las Informaciones del virrey Toledo las que dieron lugar a la Historia Indica de Sarmiento de Gamboa y a los Ritos y fábulas de los Incas de Cristóbal de Molina (Porras 1962: 39-40; Esteve Barba 1968: XII). El mayor interés de la Corona española hacia el pasado indígena, y lo que inspiró todas estas Informaciones y las crónicas subsiguientes, fue el usar a la administración inca como un punto de referencia para evaluar los propósitos y actividades de su propio régimen colonial, a la luz de los principios que sustentaban el debate sobre la legitimación de la Conquista. Si tomamos nota de las diferentes «Instrucciones» dadas a los funcionarios que llevaron a cabo estas indagaciones, podemos ver que el énfasis estaba puesto en averiguar la legitimidad del gobierno inca, las fluctuaciones poblacionales de un período a otro y, muy especialmente, la opinión de los indígenas acerca de qué régimen era más extorsionador. Como el tema del tributo estaba funcionalmente ligado al de muchas otras instituciones, al indagar sobre este, los españoles obtuvieron una gran información sobre otras instituciones prehispánicas. El pasado indígena fue para los españoles como un alter ego, es decir, como un marco de referencia para juzgar y justificar sus acciones. Este compromiso estrecho del pasado incaico con el quehacer de la administración colonial significó que la historia incaica fue susceptible de 212

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