En busca del orden perdido

Así, el padre Las Casas comenzó a influir grandemente en los escritos históricos que desde entonces comenzaron a nutrirse del mundo indígena, en un esfuerzo por comprender las instituciones de los indios y establecer de esta forma el mejor modo de gobernarlos; y para justificar la invasión. Defensores de los indios como Las Casas, Soto y, muy especialmente, Fray Francisco de Vitoria, elevaron severas críticas a la Conquista, llegando a cuestionar seriamente algunos puntos que la sustentaban pero, al mismo tiempo, dejaron algunas salidas para que el Rey de España descargara su conciencia sin tener que renunciar a sus nuevas adquisiciones. Estas salidas se encontraron no tanto en el comportamiento de los españoles hacia los indios, sino en el comportamiento de los últimos hacia los primeros y en el propio pasado de los indios. El padre Vitoria, por ejemplo, basó su argumentación en el concepto de «communitas Naturalis Orbis», en el que el hombre aparece como ciudadano del mundo. Según este concepto, los españoles podían viajar a través del territorio de las Indias, o de cualquier otro territorio, permaneciendo y permanecer en él libres de toda resistencia por parte de sus moradores. Este concepto suponía que al principio del mundo, cuando todo era tenido en común, cualquier individuo podía viajar donde quisiese. Este derecho continuaba y nadie podía impedir la comunicación entre los hombres. El no permitir peregrinos dentro de un territorio particular era equivalente, entonces, a exiliarlos de este territorio. Así, lo que era lícito para los españoles, lo era también para cualquier extranjero: el derecho a comerciar con los indios, explotar sus minas, etcétera. Si los indios no reconocían este derecho a los españoles, entonces, estos debían tratar de persuadirlos pacífica y racionalmente. Si, no obstante, este método fallaba o si los indígenas recurrían a la fuerza, entonces los españoles tenían el derecho a defenderse. Y si a pesar de todos los intentos de proceder pacíficamente los indios continuaban con sus hostilidades, los españoles tenían el derecho de declararles la guerra, tomar sus ciudades, destituir a sus príncipes y gobernantes reemplazándolos con los suyos (Carro 1966: 126-128). Otra razón justificatoria, o «título legítimo», era que los cristianos tenían el derecho de predicar el Evangelio a los indios, ya que Cristo lo había mandado así a sus discípulos. Si los hombres tienen el derecho de viajar y 209

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx