En busca del orden perdido

realización de sus divinos propósitos. En un sentido pues, el hombre es el agente de toda la historia, porque todo cuanto pasa en la historia pasa por voluntad suya; pero en otro sentido Dios es el único agente histórico, porque solo debido a la actividad de su providencia, las operaciones de la voluntad humana conducen en cualquier momento a un resultado dado, y no a un resultado diferente. Pero, además, en un sentido, el hombre es el fin para el cual acontecen los sucesos históricos, puesto que los propósitos divinos consisten en la bienaventuranza del hombre; pero en otro sentido el hombre existe meramente como un medio para la realización de los fines de Dios, puesto que Dios lo creó solamente con el fin de realizar sus propósitos en términos de vida humana» (Collingwood 1965: 55). Según esta actitud, la historia se ve como un proceso continuo que tiene un principio definido y que va dirigido a un fin definitivo. Involucrada en este proceso está la raza humana, es decir, las criaturas de Dios. En este Principio Unitario todas las culturas y fronteras étnicas se eliminan permitiendo y permiten el desarrollo de una historia universal: «Para el cristiano, todos los hombres son iguales ante Dios: ya no hay pueblo elegido; no hay raza o clase privilegiada; no existe ninguna sociedad cuyos destinos sean más importantes que los demás» (Collingwood 1965: 56). En un punto preciso de este proceso lineal ocurre la vida histórica de Cristo. Este acontecimiento se convierte en un punto focal, de suerte que todo lo acontecido antes de su nacimiento es visto como una preparación para este, y todos los acontecimientos subsiguientes se ven como afectados por este: «Habiendo dividido al pasado en dos, naturalmente se tenderá, entonces, a subdividirlo, distinguiendo de este modo otros sucesos, no tan decisivos como el nacimiento de Cristo, pero importantes a su modo, de tal suerte que cuanto acontece después de ellos aparecerá de diferente calidad a cuanto aconteció antes» (Collingwood 1965: 57).1 1.2. Filiaciones bíblicas y mesianismo español Estas características, atribuidas por Collingwood a la historiografía cristiana en general, son también atribuibles a los historiadores españoles que nos conciernen. Después de consolidada la conquista de América, los españoles buscaron vincular a los indígenas americanos a tablas genealógicas tomadas del Antiguo Testamento. Los indios, como cualquier 202

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx